Hipoacusia en el infante y evaluación audiológica

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Por las Fonoaudiólogas Lidia Rosselló Martinelli
y Guillermina Achleitner

La aplicación de un protocolo de evaluación audiológica infantil tiene por objeto contribuir con el diagnóstico precoz de la hipoacusia, aportando la mayor cantidad de información para determinar el alcance y características de una discapacidad auditiva.

De acuerdo con datos de los Institutos de Salud en México, cada año nacen entre dos mil y seis mil niños con sordera congénita (la más común de las discapacidades neurosensoriales en recién nacidos). Por fortuna, actualmente no tiene porque limitar la calidad de vida de los pacientes, debido a que se cuenta con métodos oportunos de detección, tal como lo es el tamizaje neonatal auditivo, obligatorio desde octubre de 2011 para todos los nacidos vivos en México, cuando se reformó la Ley General de Salud. Esta modificación vino acompañada de tratamientos adecuados, que si bien no curan la enfermedad, sí permiten que el paciente escuche mejor y se desenvuelva con normalidad.

El tamizaje auditivo es una prueba sencilla y rápida que no causa dolores ni molestias a los recién nacidos, porque sólo se les expone a emisiones otoacústicas y con potenciales evocados del tallo cerebral. Dichas pruebas específicas son más sensibles y específicas para la detección de hipoacusia y sordera. Con esta evaluación se valora tanto la vía periférica como la central, por lo que se considera la técnica de elección.

Tanto esta prueba, como la intervención Temprana (TANIT), tienen como propósito fundamental que todo paciente que nace con hipoacusia desarrolle su lenguaje oral de manera similar al que nace sin el padecimiento auditivo. La evaluación debe incluir información sobre los umbrales para tonos puros por vía aérea y ósea, y los de detección para estímulos del habla, así como la valoración de la habilidad para discriminar estos sonidos utilizando un material adecuado para cada edad, sin olvidar tomar en cuenta el desarrollo del niño en particular. Estos valores deben hallarse individualmente para cada oído, aunque inicialmente en niños pequeños se comience con la exploración a campo libre, a través de altavoces, estimulando simultáneamente ambos oídos.

Otra de las pruebas a realizar, y que constituyen un recurso para validar funcionalmente la audición, son las verbales o de exploración de la percepción auditiva y del habla, éstas deben ser adecuadas a la edad y nivel de lenguaje del niño. Mientras que otro de los exámenes para la valoración objetiva, incluyen sistemas como el SAT (Speech Awarness Threshold), que consiste en la presentación de tres estímulos que exploran diferentes zonas frecuenciales: /ba/,/sh/y/s/.

Por lo anterior, un audiólogo pediatra experimentado, puede obtener en una sola sesión con el niño, información sobre la audición para tonos puros por vía aérea y vía ósea en zonas de frecuencia diferenciadas, así como datos sobre la habilidad para percibir estímulos de habla y discriminarlos cuando así sea necesario.

En cuanto al tratamiento, existen diferentes tipos de dispositivos médicos que ayudan al paciente dependiendo del tipo y grado de discapacidad, tales como:

Implantes cocleares: son electrónicos y sustituyen la función de las partes dañadas de esta estructura, para brindar las señales sonoras al cerebro. Auxilia a personas con hipoacusia moderada o profunda en ambos oídos, y ofrece mejores resultados que una prótesis auditiva.

Implantes de conducción ósea: envía el sonido directamente al oído a través del hueso, sin que éste tenga que viajar por el oído medio y externo. Beneficia a pacientes con pérdida auditiva conductiva, o ausencia auditiva en un solo oído, permitiendo localizar los sonidos de forma natural y reduciendo la distorsión.

Prótesis auditivas: incrementan el volumen de los sonidos presentes en el ambiente para facilitar que las resonancias viajen exitosamente desde el oído medio hasta el interno. Se recomiendan para quienes han perdido el oído a causa de la edad o por exposición a frecuencias muy altas, lesiones, abuso de medicamentos específicos, o por herencia.

Implantes electroacústicos: permiten a pacientes con hipoacusia de alta frecuencia escuchar esta gama de sonidos, y les devuelve la capacidad de entender conversaciones y comunicarse adecuadamente. Su función es transformar los sonidos captados en señales digitales para enviar un haz de electrodos hacia la cóclea, y así el cerebro sea capaz de interpretar la información recibida.

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