Menopausia y repercusión orgánica

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Por la Dra. María Dimna González García
Especialista en Medicina Interna y en Medicina
del Enfermo en Estado Crítico.

Sí los cambios que generan las hormonas definen en muchos sentidos las características de una mujer, no es de extrañar que la interrupción de las mismas tenga profundas manifestaciones.

La menopausia es un paso natural en el proceso de envejecimiento, caracterizado por la pérdida de la capacidad reproductiva, debido al cese de la función folicularovárica, lo cual afecta numerosos sistemas, incluyendo al inmune.

Generalmente ocurre alrededor de los 51 años de edad, con un rango que varía entre los 40 y 60 años.

Los principales factores que influyen en la presentación de la menopausia son edad y factores genéticos; sin embargo existen otras condiciones en las cuales se presente de manera no fisiológica, de ellas destacan: menopausia prematura, menopausia quirúrgica, uso de agonistas de la hormona liberadora de gonadotrofinas, amenorrea hipotalámica o tratamientos de cáncer como quimioterapia, radiación pélvica o terapia endocrina.

La carencia de las hormonas sexuales se manifiesta en diferentes órganos y sistemas, entre las que destacan:

Síntomas vasomotores: alteraciones en el patrón del sueño, cambios en el estado anímico, déficit cognitivo, reducción en la calidad de vida, discapacidad relacionada con el trabajo, aislamiento social y vergüenza o turbación.

Sistema genitourinario: resequedad genital, disminución de la lubricación durante la actividad sexual, sangrado poscoital, disminución de la excitación, de la libido y de orgasmos, irritación de la vulva y vagina, disuria, incremento en la urgencia y frecuencia urinarias; disminución de la elasticidad vaginal, resorción de labios menores, eritema o palidez de mucosa genital, pérdida de la rugosidad vaginal, fragilidad tisular, eversión o prolapso uretral, pérdida del remanente himenal, prominencia del meato uretral, retracción del introito e infecciones recurrentes del tracto urinario.

La incontinencia urinaria es más frecuente después de la menopausia, y su prevalencia incrementa con el paso del tiempo debido a la disfunción del esfínter intrínseco vesical y a la deficiencia de estrógenos; y en las mujeres premenopáusicas la incontinencia se debe principalmente a cambios anatómicos.

Como parte de las repercusiones orgánicas que suceden durante este periodo vale la pena destacar las siguientes:

Metabólicas: Predispone la aparición del síndrome metabólico manifestado como obesidad visceral, dislipidemia, diabetes tipo 2 e hipertensión arterial sistémica.

Cardio-metabólicas: existe incremento en la cifra de colesterol total y de triglicéridos en la posmenopausia, lo cual está relacionado con niveles más altos de interleucina-6, que tiene un papel importante en la regulación del sistema inmune, inflamación, entre otros, y es conocido que hinchazón y estrés oxidativo tienen un papel importante en la disfunción endotelial, la cual lleva a la instalación de enfermedades cardiovasculares.

Osteomusculares: el riesgo de osteoporosis y fracturas se incrementa con la edad y en la menopausia es mayor, asociado con otros factores tales como peso corporal bajo (menos de 50 kg), tabaquismo, historia familiar, consumo alto de alcohol y cafeína, así como baja ingesta de calcio y vitamina D, entre otros. La prevalencia de dolor de espalda baja es mayor en mujeres, debido a la afección de la colágena en hueso y piel, degeneración de discos lumbares y estrechamiento del espacio discal; existe incremento en los padecimientos degenerativos musculoesqueléticas y en la prevalencia de osteoartritis.

Cutáneas: existe afección en la turgencia de la piel y ocurre un incremento en la pérdida y adelgazamiento del cabello.

Psicosociales: se pueden manifestar síntomas en la menopausia tardía en relación con la cognición y la memoria, los cuales usualmente son transitorios y no progresivos. No hay datos definitivos de que la menopausia predisponga a la enfermedad de Alzheimer.

La terapia de reemplazo hormonal está indicada sí los síntomas vasomotores están presentes, y en quienes no hay contraindicación para ello; es altamente recomendable la combinación de estrógenos con progestágenos, y su utilidad no debe ser mayor de cinco años de tratamiento continuo, se debe iniciar tan pronto se determine que está en la menopausia.

La terapia vaginal con estrógenos locales a bajas dosis es de gran ayuda cuando los síntomas genitourinarios son la queja principal y tienen efectos adicionales en los urinarios tales como urgencia urinaria, polaquiuria, nicturia, incontinencia e infecciones urinarias de repetición. Otra ayuda son los humectantes vaginales no hormonales cuando las manifestaciones están relacionadas con mínima atrofia vaginal y la paciente está en riesgo de neoplasias relacionadas con los estrógenos.

Los fitoestrógenos, aunque también son útiles, tienen efectos menores a los de los estrógenos en el alivio de los síntomas vasomotores severos, sin embargo son una alternativa válida en aquellas con fobia a la terapia hormonal clásica.

El aporte de calcio es importante principalmente a través de la dieta, y la suplementación con vitamina D está indicada sólo cuando la mujer con menopausia tiene osteoporosis con baja densidad mineral ósea, es obesa e ingiere con medicamentos que interfieren con el metabolismo de la misma, tales como anticonvulsivantes y antirretrovirales.

El realizar ejercicio aeróbico es recomendado en todas las pacientes, así como dejar el hábito tabáquico y no consumir bebidas alcohólicas.

El control médico periódico es sin duda una conducta deseable en estas féminas para mantener una vigilancia integral, evitar las consecuencias que este decaimiento hormonal puede originar, con las consecuencias negativas en calidad de vida que pueden alterar de manera trascendental el bienestar cotidiano.

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