Fisura anal

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Por el Dr. Enrique Montaño Torres
Especialista en Cirugía General y Coloproctología.

Afecta principalmente a adultos jóvenes, sin embargo se puede presentar a cualquier edad; predomina en el sexo femenino en una relación 4:1 con el masculino.

La fisura anal (FA) se define como úlcera por desgarro lineal del anodermo, que se extiende desde el margen anal hasta la línea anorrectal, situada en alguna de las comisuras del conducto anal; en las mujeres es más frecuente que se presente en la comisura anterior y en los hombres en la posterior. Generalmente es de características benignas.

En México no se cuenta con estadísticas de prevalencia e incidencia; se tienen reportes que indican que representa aproximadamente 10 % de las consultas del cirujano general, gastroenterólogo y coloproctólogo. En el Hospital General de México corresponde a la tercera causa de visita a estas especialidades.

Se clasifica en aguda y crónica. Cuando una FA evoluciona a crónica, se presenta un crecimiento en la piel alrededor del ano conocido como colgajo cutáneo y en muchas ocasiones puede ser confundido con una hemorroide; los pacientes con enfermedad hemorroidal generalmente no sufren dolor.

En la actualidad no se ha podido demostrar con exactitud qué factores intervienen en la formación de éstas, pero una de las teorías más aceptadas es el orden anatómico. “La distribución elíptica del esfínter anal externo brinda menos apoyo al conducto anal en el eje anteroposterior al momento de la defecación, lo que vuelve a estos sitios más vulnerables al traumatismo” (Metcalf AM. Surg Clin North Am 2002; 82: 1291-7).

Los principales síntomas son dolor anal de tipo muy característico, intenso, ardoroso y lacerante, que inicia al pasar el bolo fecal por el conducto anal y puede durar incluso hasta varias horas después de la evacuación y presentarse en la siguiente. Puede haber sangrado a través del ano de color rojo fresco, generalmente escaso (manchando sólo el papel higiénico), aunque puede llegar a ser mayor y escurrir hacia el WC. Estos primeros síntomas generalmente se presentan después de haber tenido una evacuación de consistencia muy dura o diarrea intensa.

Conforme la enfermedad avanza el paciente puede presentar otras alteraciones por el temor y la constante preocupación de defecar, tales como irritabilidad, mal humor, ira, depresión, etc.

El diagnóstico es clínico y se sustenta con una anamnesis completa. La exploración anoperineal realizada por el coloproctólogo sirve para confirmar el diagnóstico y descartar cualquier otra enfermedad de la región, como úlceras de la enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa crónica inespecífica, padecimientos de transmisión sexual, VIH, leucemia, tuberculosis, cáncer anal, radiación, entre otras. No todas las FA son fáciles de observar, la exploración debe hacerse con sumo cuidado para no lastimar al paciente.

El tratamiento consiste en mejorar la circulación de la región y relajar el esfínter anal interno, ya que al estar hipertónico no se permite la perfusión y, en consecuencia la cicatrización de la herida. Actualmente se utilizan vasodilatadores como los calcioantagonistas o los nitratos. En México el único medicamento disponible de este tipo es el diltiazem en gel; también se puede utilizar en algunos casos la toxina botulínica.

Ante la falla en el tratamiento médico o cuando se encuentren colgajos cutáneos asociados, altamente sintomáticos, se recomienda el tratamiento quirúrgico y realizar una esfinterotomía lateral interna parcial.

Una de las principales formas de prevenir el dolor es evitar el estreñimiento, por lo que se recomienda aumentar la ingesta de alimentos que contengan fibra, eliminar los irritantes, incrementar el consumo de líquidos y en casos necesarios el uso de formadores de volumen.

Cuando esta condición no se atiende el dolor intenso puede persistir, y generarse “en falso” con formación de senos anales.

El pronóstico para la mayoría de los pacientes con FA es bueno si se realiza la atención adecuada. El tratamiento médico es efectivo en más del 60 % de los casos y la cirugía tiene una curación a largo plazo en aproximadamente 95 %, sin embargo, se debe tomar en cuenta el costo hospitalario, tiempo de incapacidad laboral y, sobre todo, la posibilidad de incontinencia fecal, que es menor a cuatro por ciento.

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