Infecciones en vías respiratorias, progresión y riesgos ante una mala atención

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Por el Dr. Jhonathan Saúl Castillo Pedroza
Especialista en Neumología del Instituto Nacional

de Enfermedades Respiratorias.

Representan la causa más frecuente de enfermedad infecciosa y la primera razón de consulta médica externa.

Las infecciones de vías respiratorias (IVR) constituyen un alto costo para los servicios de salud. El 95 % son de etiología viral y solo un 5 % son de origen bacteriano. Por lo general la infección comienza, se desarrolla y termina en las vías superiores, solamente un 5 % se expande al tracto inferior (tráquea, bronquios y pulmones) y puede progresar a una enfermedad grave, como neumonía y hasta insuficiencia respiratoria grave. Aun cuando una persona sana puede desde un inicio presentar una infección en las vías respiratorias bajas, esto es más frecuente en personas con algún tipo de inmunosupresión (diabetes mellitus, alcoholismo, infección por VIH), y en el caso de personas con alguna alteración neurológica que les impide deglutir alimentos adecuadamente.

La importancia de que se realice un diagnóstico y se administre un tratamiento adecuado y de modo oportuno radica en que todas las IVR comparten características similares e inician con la misma sintomatología, y la diferencia reside en la evolución y las complicaciones que pueden llegar a generarse. El tratamiento farmacológico principalmente está indicado sólo para controlar la sintomatología; cuando se trata de una IVR viral, lo correcto es atacar el virus con antivirales, las IVR bacterianas se tratan con antibióticos.

La eficacia en el abordaje terapéutico radica en ofrecer el tratamiento específico ante la patología viral o bacteriana.

Se denominan infecciones respiratorias agudas (IRA), cuando la evolución es menor a 15 días; por lo general son de escasa gravedad, tienden a ser autolimitadas, son altamente contagiosas y se presentan principalmente en la temporada de invierno. La principal forma de transmisión es de persona a persona, por medio de la inhalación de gotitas de flush o por contacto directo de manos y objetos contaminados con secreciones respiratorias. Los grupos más vulnerables son los menores de 5 años y mayores de 65, embarazadas, personas con diabetes, VIH, SIDA, enfermedades crónicas, afecciones respiratorias, desnutrición o cualquier persona con un sistema inmunológico deficiente. Las IRA comprenden: resfriado común, rinitis, sinusitis, faringitis y amigdalitis; laringitis y traqueítis aguda, así como otitis media.

• Resfriado común. Los síntomas iniciales en niños y adultos incluyen obstrucción nasal e irritación faríngea, malestar general, febrícula o fiebre, rinorrea acuosa en los primeros días y mucopurulenta posteriormente, falta de apetito y dolores musculares; en los lactantes lo principal es fiebre alta, vómitos, re-chazo al alimento, obstrucción nasal e irritabilidad. Existe una gran cantidad de virus causantes, el más frecuente es el rinovirus, con más de 100 serotipos, también está el virus de la parainfluenza, virus sincital respiratorio, coronavirus, adenovirus, influenza, etc., por lo general la infección se produce por un solo virus a la vez. La mayoría no requiere tratamiento antiviral (salvo algunas excepciones como la influenza). El objetivo del tratamiento es eliminar los síntomas para lo que se indican analgésicos, descongestionantes y antipiréticos, por lo general se autolimita entre 7 y 10 días. Las complicaciones más frecuentes son sobreinfecciones bacterianas, otitis media aguda (5 %), sinusitis aguda (1-5 %) o catarro descendente.

• Rinitis. Es un trastorno asociado a inflamación de la mucosa nasal producida por un alérgeno o cambio de temperatura súbito, algunas formas como la vasomotora y la atrófica, no tienen predominio inflamatorio. Se clasifica en: alérgica-estacional; perenne o episódica y no alérgicas-vasomotora; infecciosa (aguda o crónica) y no alérgica eosinofílica (NARES).

• Sinusitis. Inflamación de la mucosa de los senos paranasales por un proceso infeccioso generalmente de origen bacteriano. Puede ser aguda o crónica, la duración va de unos días hasta años, si no se trata adecuadamente. Las manifestaciones son secreción nasal profusa, espesa y de color amarillo-verdoso, goteo retronasal de mal sabor, tos nocturna o matutina, cefalea frontal, dolor ocular o retroorbitario, edema periorbitario, congestión nasal, sensación de hinchazón facial, en algunos casos se puede presentar fiebre. Aproximadamente el 5 % de los casos de resfriado común se puede complicar con una sinusitis aguda. La confirmación diagnóstica se da mediante radiografía de senos paranasales y en casos dudosos, graves o cuando hay sospecha de complicaciones se requiere una TAC. El tratamiento de primera elección son los antibioticos como la amoxicilina, amoxicilina-clavulánico, quinolonas, cefalosporinas, etc. Las complicaciones, aunque son poco frecuentes pueden llegar a ser graves, entre las más comunes están celulitis periorbitaria y orbitaria, y las menos frecuentes son el absceso cerebral, trombosis del seno venoso absceso subperióstico que comprometen la vida del paciente.

• Amigdalitis. La mayoría de las veces la infección es de origen viral, pero puede presentarse junto con una infección bacteriana. Se clasifica en: amigdalitis aguda, aproximadamente el 30 % las provoca el estreptococo beta hemolítico grupo A; en estos casos se puede agregar a los síntomas dolor abdominal, vómito, salpullido, lengua blanquecina, mas no hay escurrimiento nasal; el tratamiento farmacológico consiste en antibióticos, siendo los de primera elección los beta-lactámicos y tratamiento sintomático mediante antipiréticos, antinflamatorios y antihistamínicos. La amigdalitis crónica se define cuando el paciente presenta 7 episodios en un año, 5 por año en 2 años consecutivos o 3 por año durante 3 años consecutivos; en los casos que hay presencia del estreptococo beta hemolítico grupo A y no son tratados adecuadamente las complicaciones pueden ser fiebre reumática, glomerulonefritis aguda estreptocócica, afección el desarrollo como talla baja y alteración del crecimiento craneofacial.

• Faringitis. Los síntomas son dolor al deglutir, amígdalas inflamadas y fiebre. Del 60 al 70 % son de etiología viral, 20 a 30 % bacteriano y sólo un 10 % tiene una etiología no infecciosa. La faringitis vírica tiene una duración de 3 a 6 días, se caracteriza por odinofagia, tos irritativa, fiebre, afectación de otras mucosas, diarrea, hiperemia faríngea variable. Los principales virus que la provocan son adenovirus; el tratamiento de primera elección es penicilina o amoxicilina; en los pacientes alérgicos a la penicilina se utilizan los macrólidos (eritromicina, claritromicina, azitromicina). La faringitis bacteriana en la mayoría de los casos es de etiología estreptocócica y se tratan con antibióticos. Cuando el tratamiento no es oportuno y adecuado puede haber complicaciones supurativas, como: absceso periamigdalino o retrofaringeo, o adenitis cervical, y complicaciones no supurativas, como: escarlatina, fiebre reumática o glomerulonefritis postestreptocócica.

• Laringitis. Inflamación e irritación de la laringe generalmente de etiología viral, sin embargo también se puede desencadenar por alergias, infección bacteriana, bronquitis, enfermedad por reflujo gastroesofágico, neumonía, lesión, incluso por inhalación o consumo de irritantes o químicos. El síntoma principal es disfonía (ronquera), acompañada de otros, habituales del resfriado común. Se clasifica en laringitis aguda, con una duración de entre 2 y 5 días y, crónica, cuando la duración es mayor a dos semanas. El tratamiento es sintomático, se recomienda descanso de la voz y sesiones de humidificación; el uso de antibióticos se limita a infecciones bacterianas.

• Otitis media aguda (OMA). Inflamación de la mucosa del oído medio; frecuentemente hay afectación en las celdas mastoideas adyacentes y mucosa tubárica. Es una de las infecciones más frecuentes en la edad infantil, tiene una incidencia de 20 % en menores de seis años y hasta de 85 % en menores de tres. Se clasifica en interna y externa, de acuerdo con las estructuras que estén afectadas. Se considera OMA recurrente cuando se presentan tres o más episodios en seis meses o más de cuatro en un año. Generalmente son de origen bacteriano; la mayoría de las veces provocadas por Streptococcus pneumoniae (40 a 45 %), de las cuales el 10 a 15 % son cepas totalmente resistentes a la penicilina, y entre el 50 y 60 % parcialmente resistentes. El tratamiento de primera elección es amoxilina 80-90 mg/Kg/día/8h, cefalosporinas de segunda o tercera generación o amoxilina + ácido clavulánico y analgésicos como tratamiento sintomático. Si no son tratadas a tiempo pueden complicarse en mastoiditis, meningitis, bacteriemia, déficit auditivo o trastorno de lenguaje, estas complicaciones se pueden prevenir con la aplicación de la vacuna antineumocócica y anti Haemophilus influenzae.

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