Dolor en el niño

170

Por el Dr. Víctor Edmundo Fuentes García
Médico Anestesiólogo. Jefe del Departamentode Anestesia

y Algología del Hospital Infantilde México “Federico Gómez”.
Y el Dr. Juan Carlos Ramírez Mora
Médico Anestesiólogo Pediatra Algólogo. Encargado del Servicio
de Algología del Hospital Infantil de México “Federico Gómez”.

El dolor es un síntoma que acompaña a múltiples enfermedades pediátricas, procedimientos diagnósticos y terapéuticos. Cada paciente lo refiere de acuerdo con sus experiencias. El niño desde que está en el vientre materno empieza a recibir señales a través de la madre, por medio de procesos fisiológicos y bioquímicos.

A partir de la semana 28 de gestación, las vías ascendentes por las cuales el sistema neurológico hace consciente el dolor están completamente formadas, sin embargo las vías descendentes o neurotransmisores inhibitorios por los cuales se modulan los impulsos, terminan su formación aproximadamente a los 48 meses de vida, esto aunado a que la cantidad de receptores en los recién nacidos es la misma que en un niño mayor o un adulto, pero la superficie corporal es menor, dando como resultado que los lactantes perciban el dolor más intensamente. Al momento del nacimiento las estructuras necesarias para la nocicepción están presentes y son funcionales.

Los mecanismos básicos de percepción del dolor en lactantes y niños son similares a los de los adultos e incluyen transducción, transmisión, percepción y modulación.

Cuando el dolor es agudo se considera un síntoma más de alguna enfermedad subyacente; cuando es crónico se convierte por sí mismo en una enfermedad, como en el caso de la migraña y otros padecimientos.

La principal diferencia entre un dolor agudo y uno crónico es la duración del mismo; uno agudo se resuelve en menos de 5 días, mientras que el crónico puede tardar años, e incluso estar presente durante toda la vida. En pacientes oncológicos, aun después de haber terminado el tratamiento y curado la enfermedad, las alteraciones que producen los quimioterapéuticos, tanto a nivel gastrointestinal como la alteración en la sensación de las extremidades, pueden necesitar medicación durante un largo periodo.

Las escalas del dolor son iguales a las del adulto: leve, moderado, severo e intenso, sin embargo en el niño la falta de comunicación y de expresión de sintomatología hace necesario que el médico lo valore apoyándose en cambios fisiológicos tales como: alteraciones cardiovasculares (aumento de la frecuencia cardiaca y presión arterial), aumento de la frecuencia respiratoria y aumento de sudoración palmar, y al observar las conductas asociadas como expresión facial, comunicación verbal (gritos y tipo de llanto), movimientos corporales, irritabilidad, enrojecimiento. También existen alteraciones neuroendocrinas que se manifiestan en el aumento de las hormonas de estrés (catecolaminas, cortisol, glucagon). El médico debe estar entrenado para reconocer la sensación displacentera que expresa el niño y, confiar en lo que dice la madre.

Para identificar el tipo de dolor es muy importante realizar una anamnesis y una exploración física en la que se reconozcan los antecedentes del paciente, si ha sufrido algún trauma, pasado por algún proceso quirúrgico, o si se sabe que tiene comorbilidades. También se toma en cuenta la presencia de fiebre.

La evaluación debe ser continua, 3 a 4 veces por día para observar el comportamiento del menor en diferentes situaciones, durante la alimentación, el baño, el reposo, la actividad o cuando se le está realizando cualquier procedimiento.

Las entidades que más reportan dolor son: gastrosquisis, cualquier ámbito quirúrgico relacionado, pacientes oncológicos, con migraña, lupus, artritis o diabetes, etc. En la etapa neonatal la principal causa son defectos de nacimiento.

No hay ningún dolor que se considere normal, ya que este síntoma es manifestación de alguna alteración, pero puede haber molestias por cambios inherentes al crecimiento, como la erupción dental, o molestias esperadas como las que se presentan tras la aplicación de vacunas.

El dolor requiere una evaluación y tratamiento independiente, igual que cualquier otro síntoma. Actualmente existe una gran cantidad de fármacos para su manejo que van desde analgésicos convencionales, AINE (salicilatos, ibuprofeno, naproxeno, ácido mefenámico, diclofenaco, ketorolaco, dexketoprofeno), paracetamol y cualquier variedad de opioides. La única restricción es para los neonatos, para quienes están contraindicados los AINE.

El tratamiento siempre debe ser individualizado, y la elección del fármaco depende de las condiciones generales del paciente: si está intubado o no, patología, severidad del dolor, cronicidad de la enfermedad, procedimiento médico o quirúrgico al que haya sido sometido o vaya a ser llevado a cabo; y especialmente por grupo etario (de 0 a 1 mes, de 2 a 11 meses, de 12 meses a 2 años, preescolares, o adolescentes). También se toma en cuenta el ambiente en el que va a ser tratado, ya sea ambulatorio o dentro del hospital y el tipo del medicamento (oral, rectal, local, intramuscular o intravenoso).

La medicación es muy segura y puede utilizarse por tiempos prolongados, incluso toda la vida, como en pacientes con enfermedades crónicas como la diabetes, lo único que cambia es el medicamento o la dosis, lo cual depende de la fase en que esté el dolor.

En los niños las reacciones adversas medicamentosas pueden ser de leves a muy graves, incluyen: náusea, vómito, estreñimiento, somnolencia, paro respiratorio, trastornos en las constantes vitales, como frecuencia cardiaca, presión arterial, respiración y estado de vigilia. La vigilancia debe ser muy estrecha para evitar cualquier complicación.

En los pacientes con dolor crónico el disconfort es tan fuerte que recurren a cualquier tipo de terapia alternativa para mejorarlo. En casos específicos están recomendadas las terapias físicas, sesiones de ultrasonido de alta frecuencia o terapias de frío-calor para su manejo, inclusive con terapia alternativa como acupuntura, herbolaria, entre otras.

Contrario a lo que se cree, el niño –a diferencia del adulto– no obtiene ninguna ganancia con el dolor, es muy tajante en si le duele o no y por este motivo no tiene puntos de dolor intermedio. En edades pequeñas el factor social aún no influye. Sin embargo, cuando el pequeño que tiene dolor no es valorado y tratado, puede tener cambios en la personalidad o una mala adaptación al entorno.

Compartir