Diferencia entre gripe común y gripe por el virus de influenza

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Por el Dr. José Luis Sandoval Gutiérrez
Especialista en Neumología Intensivista.
Jefe de Áreas Críticas del Instituto Nacional
de Enfermedades Respiratorias.

La diferenciación entre ambas patologías es muy importante, y aunque comparten características sintomatológicas, el manejo preventivo y terapéutico son distintos.

Los virus más frecuentes que causan la gripe común o resfriado son: Rinovirus, Coronavirus, Parainfluenza 1, 2 y 3, Gripe A y B, VRS y Adenovirus tipos 1 al 6; los poco frecuentes son: Enterovirus, Parainfluenza 4, Gripe C, Reovirus tipo 1, Adenovirus tipos 7, 14 y 21; tienen un periodo de incubación de 48 a 72 horas y su inicio es paulatino. La gripe o influenza tiene como agente causal el virus de Influenza A o B, el periodo de incubación es entre 18 y 36 horas y es de inicio súbito.

Influenza

Es una enfermedad respiratoria contagiosa, de leve a grave y puede ser motivo de hospitalización o muerte debido a sus complicaciones. Constituye la causa más frecuente de enfermedad respiratoria aguda que requiere de atención médica; afecta a todos los grupos de edad y se estima que anualmente se infectan entre 5 a 20 % de la población.

El virus de la influenza pertenece a la familia de los ortomixovirus, el tipo A afecta a humanos y algunos animales, el tipo B solo a humanos y el tipo C se ha asociado a cuadros simples en niños, sin estar relacionado con alguna enfermedad grave. Existen hasta 15 subtipos de Hemaglutinina, sólo los H1, H2 y H3 afectan a los humanos. En cuanto a los 9 tipos de Neuraminidasa sólo la N1, N2 y N9 afecta a humanos.

El cuadro clínico es severo, con fiebre de 38-41°C, mialgia, cefalea muy intensa, y dolor lumbar; puede haber estornudos, odinofagia, irritación ocular o secreción nasal acuosa, sin presencia de tos productiva. Los niños presentan fiebre alta, dificultad para respirar, rechazo a los alimentos, trastornos del estado de consciencia, irritabilidad y convulsiones.

El diagnóstico final se da con el resultado de la prueba de PCR-TR (reacción en cadena de polimerasa en tiempo real), la muestra clínica se obtiene por cepillado nasofaríngeo, o en caso de pacientes intubados por aspirado bronquial o lavado broncoalveolar. Durante una contingencia y en los meses de invierno el diagnóstico se establece con base en los síntomas y signos; está indicado iniciar el tratamiento ambulatorio y referir a los pacientes con cualquier complicación a un segundo o tercer nivel de atención.

De inicio se pueden utilizar las pruebas rápidas, sin embargo no tienen la misma sensibilidad y pueden dar falsos negativos. La PCR-TR se utiliza como prueba de confirmación. Los rayos X o TAC de tórax detectan algún proceso infeccioso sobreagregado o agravamiento de la enfermedad.

La mayoría de las personas que contraen influenza se recupera en máximo 2 semanas con el uso correcto de antivirales. Existen algunas posibles complicaciones como son: pulmonares (neumonía viral primaria, neumonía bacteriana secundaria o neumonía mixta, bronquitis, sinusitis, síndrome de insuficiencia respiratoria aguda), neurológicas (síndrome de REYE, encefalitis, síndrome de Guillain-Barré, mielitis transversa), síndrome de shock-tóxico, miositis, carditis y fallo renal con mioglobinuria. En los pacientes con enfermedades crónicas, éstas se pueden exacerbar. Las personas con alto riesgo de contraer complicaciones son menores de cinco o mayores de 65 años, embarazadas, residentes de asilo de ancianos, guarderías u otros centros de cuidado y personas con afecciones crónicas preexistentes.

En México la vacunación está abierta a toda la población mayor de 6 meses. Es primordial en pacientes asmáticos, con enfermedades neurológicas y del neurodesarrollo, enfermedades pulmonares crónicas, enfermedades cardiológicas, alteraciones sanguíneas, pacientes con obesidad extrema (IMC>40). Está contraindicada en personas con alergia a algún componente de la fórmula, pacientes inmunosuprimidos, trasplantados, pacientes con enfermedades autoinmunes como lupus, esclerosis múltiple o artritis reumatoide que en ese momento estén en tratamiento; en aquellos individuos que estén recibiendo quimioterapia o radioterapia la vacunación debe hacerse 2 semanas antes o dos semanas después del procedimiento.

La vacunación es la forma más eficaz de prevenir la infección. Se recomienda la aplicación anual previa a los meses de invierno. En 2016 las vacunas estuvieron habilitadas para un tercio de la población, y se espera que para 2020 el 50 % esté cubierto.

Actualmente se encuentran disponibles varios tipos de vacunas, tanto las inactivadas como las atenuadas de virus vivos son seguras y eficaces.

La OMS recomienda aplicar alguno de los tres tipos de vacunas disponibles: Vacunas inactivadas contra la influenza de tipo trivalentes (IIV3) y tetravalentes (IIV4); protegen contra los tres virus de la influenza AH3N2, AH1N1, y virus de la influenza tipo B. Vacuna atenuada de virus vivos (LAIV4) protege contra los mismos virus que la trivalente y contra otro virus de la influenza B, y Vacuna recombinante (RIV3) que protege contra los mismos virus que la trivalente.

La vacuna atenuada de virus vivos debe usarse con precaución en pacientes con reacción alérgica al huevo, incluyendo anafilaxia; la evidencia muestra que la mayoría puede vacunarse con seguridad, siempre y cuando la cantidad residual de ovoalbúmina sea <1 µg por dosis.

En los menores de 8 años que reciben la vacuna por primera vez, se recomiendan dos dosis, la primera en cuanto la vacuna esté disponible y la segunda 4 semanas después, posteriormente la aplicación es anual.

El tratamiento temprano con antivirales (oseltamivir o zanamivir) demostró una eficacia superior al 80 % (acorta la duración de los síntomas). En influenza no complicada, disminuye la estancia hospitalaria, reduce el riesgo de complicaciones, la mortalidad, la carga viral y los días infectantes del paciente. Es más benéfico si se empieza entre las 10 y 30 primeras horas.

Iniciado de manera temprana el oseltamivir reduce del 28 al 37 % el riesgo de complicaciones del tracto respiratorio inferior, la mortalidad en un 77 % y la hospitalización en un 25 %, comparado con pacientes sin tratamiento. Zanamivir acorta de 1 a 3 días la duración de la enfermedad, y los síntomas 14.4 horas, existe poca evidencia en cuanto a la reducción del riesgo de complicaciones.

Del 100 % de los pacientes que adquieren influenza, aproximadamente el 10 % requerirá hospitalización, de éstos, el 10 % ingresa a UCI y de ellos, un máximo de 15 % fallece. El tiempo promedio de hospitalización es de 5 días, sin embargo, en los pacientes que ingresan a UCI se alarga a 17 días. El abordaje es integral, intervienen pediatría, medicina interna, infectología, neumología y medicina crítica.

Resfriado

En el cuadro clínico rara vez hay fiebre o cefalea, no hay mialgias ni dolor lumbar, generalmente hay tos productiva, estornudos, odinofagia e irritación ocular y secreción nasal, sobre todo en los primeros días. Existen algunos factores que predisponen al contagio, tales como: frío, humedad, cambios bruscos de temperatura, polución, malnutrición, exceso de cansancio, estrés emocional, procesos rinofaríngeos alérgicos, fase intermedia del ciclo menstrual y algunas alteraciones anatomoclínicas (malformaciones del tabique, alergias, vegetaciones adenoideas, entre otras).

Las manifestaciones clínicas se dividen en 4 fases; la primera incluye: picor y sequedad de garganta, estornudos, obstrucción nasal y abundante lagrimeo; la segunda: rinorrea, obstrucción nasal, crisis de estornudos, malestar general, cefaleas y posible fiebre; la tercera: moco espeso de color amarillo verdoso, obstrucción persistente de las fosas nasales, tos con expectoración; la cuarta es el periodo de restablecimiento.

Es autolimitada y el tratamiento farmacológico sólo es sintomático. Para la congestión nasal se utilizan descongestivos tópicos y sistémicos (fenilefrina, oximetazolina, solución salina); para la tos: antitusígenos, mucolíticos y expectorantes (dextrometorfano, ambroxol, carbocisteína); para el malestar general: AINE (paracetamol, AAS, ibuprofeno); para la secreción nasal: antihistamínicos (clorfenamina, bromfeniramina, dexclorfeniramina); para el dolor de garganta: antisépticos, demulcentes, antinflamatorios (clorhexidina). Existe gran controversia en el uso de analgésicos y antipiréticos para controlar la fiebre menor a 41 °C ya que es relativamente inocua, excepto en el caso de embarazadas, pacientes deshidratados o desnutridos y enfermos cardiacos, respiratorios o neurológicos; en niños el uso de estos medicamentos puede prolongar las infecciones; la OMS recomienda reservarlos para casos de gran malestar o fiebre elevada.

El impacto social que causa la gripe a nivel mundial se eleva económicamente por el ausentismo laboral y las pérdidas en productividad, más que por el costo de los medicamentos. Se estima que un tercio de la población mundial presenta gripe una vez al año, quitando los casos que se complican y llegan a una terapia.

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