Enfermedad de Ménière, diagnóstico diferencial y tratamiento

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Por el Dr. Elías Rubén Legorreta Marín
Especialista en Otorrinolaringología y Cirugía
de Cabeza y Cuello.

Se caracteriza por comenzar de manera súbita con cuadros de vértigo que pueden recurrir durante un año, hasta en 6 a 12 ocasiones; son más frecuentes en los primeros años de aparición y con el tiempo suelen disminuir progresivamente.

Se presenta una pérdida auditiva paulatina, en especial a frecuencias bajas y medias, además de acúfenos que se van volviendo persistentes con el paso de los años.

La enfermedad de Ménière (EM) es una patología multifactorial, que se ha asociado a factores alérgicos, autoinmunes (anticuerpos anticocleares), sífilis y otosclerosis; hasta en 10 % de los casos hay antecedentes familiares. La principal causa de aparición está relacionada con un aumento de presión del líquido endolinfático que genera una expansión y ruptura de las membranas internas de oído.

El vértigo es el síntoma principal y se conocen cuatro modalidades de presentación:

• Sensación de rotación con giro del ambiente alrededor del enfermo cuando está con los ojos abiertos o de giro del propio cuerpo alrededor de su eje vertical cuando está con los ojos cerrados. Es el síntoma más frecuente.

No hay manera de predecir en quién se puede presentar este cuadro, por lo que no existe alguna forma comprobada de prevención.

• Sensación de inestabilidad que hace que el paciente se desvíe hacia un lado cuando intenta andar.

• Sensación de desplazamiento hacia adelante y hacia atrás, o hacia arriba y abajo, como la experimentada en el puente de un barco en medio de una tormenta.

• Vértigo de comienzo brutal y de tal violencia que el paciente es lanzado contra el suelo como si hubiera recibido un golpe en la cabeza. Es el llamado drop attack o crisis utricular.

La hipoacusia es el segundo síntoma cardinal, tiene un carácter más estable y se mantiene junto con los acúfenos. Se trata de una hipoacusia neurosensorial endococlear. Los sonidos se pueden percibir distorsionados y con un reclutamiento intenso. Los acúfenos constituyen el tercero de los síntomas y pueden aparecer en las crisis o estar presentes durante meses o años antes de la misma, al igual que la hipoacusia. Lo habitual es que exista un ruido de tonalidad más o menos grave y continuo, al que se superpone otro de tonalidad aguda en las crisis.

De acuerdo con la AAO-HNS (1995) existen los siguientes criterios diagnósticos: EM segura. EM definitiva, confirmada histopatológicamente. EM definitiva. Dos o más episodios de vértigo de al menos 20 minutos de duración. Hipoacusia comprobada audiométricamente al menos en una ocasión. Acúfeno o sensación de plenitud en el oído. Otras causas excluidas. EM probable. Un episodio cierto de vértigo. Hipoacusia comprobada audiométricamente al menos en una ocasión. Acúfeno o sensación de plenitud en el oído. Otras causas excluidas. EM posible. Episodio cierto de vértigo sin hipoacusia documentada. Hipoacusia, fluctuante o fija, con desequilibrio pero sin episodios característicos de vértigo. Otras causas excluidas.

De acuerdo con JSER (1995): Enfermedad definitiva. Episodio de vértigo de 20 minutos a 24 horas de duración. Nistagmo observado durante la crisis de vértigo. Acúfeno que puede ser evaluado subjetiva y objetivamente. Hipoacusia comprobada en al menos las frecuencias 250, 500, 1,000 y 2,000 Hz. Exclusión de otras patologías centrales y periféricas. Enfermedad posible. Criterios incompletos de enfermedad definitiva.

El tratamiento tiene componentes médicos y quirúrgicos. En la fase aguda se inicia manejo de depresores laberínticos (difenidol, manejo antiemético y en algunos casos sedantes); se inicia dieta hiposódica y rica en potasio así como diuréticos como la hidroclorotiazide e inhibidores de producción endolinfática (acetazolamida y betahistina). En algunos casos se realiza perfusión intratimpánica de esteroides y en casos graves de vestibulotóxicos como la gentamicina.

En caso de falta de mejoría, se puede realizar descompresión quirúrgica del saco endolinfático y neurectomía vestibular selectiva. Si la pérdida de audición es profunda, se puede hacer laberintectomía transtimpánica.

La EM es manejable, las posibles complicaciones se presentan a largo plazo y en general están relacionadas con la pérdida auditiva progresiva, acúfenos persistentes y lesiones secundarias a caídas.

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