Cáncer de riñón

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Por el Dr. Carlos Vásquez Lastra
Especialista en Urología y Urooncología. Egresado
del Hospital General de México “Dr. Eduardo Liceaga”
y adscrito del Centro Médico ABC.

Tiene una incidencia anual del 2 %, en México se detectan cuatro mil nuevos casos cada año, de los cuales 50 % están en etapas avanzadas.

El cáncer de riñón se encuentra entre los 10 tipos de cánceres más comunes; representa entre 2 y 3 % de todos y ocupa el doceavo lugar de muerte por neoplasias malignas.

Principalmente se diagnostica en pacientes entre 60 y 70 años, con un ligero predominio en el sexo masculino en comparación con el femenino (1.5:1). En las últimas décadas se ha visto un incremento anual de la incidencia de cáncer renal del 3 a l4 %.

La etiología es múltiple. Los factores de riesgo para presentarlo son tabaquismo (20-30 %), edad, obesidad, hipertensión arterial, exposición a químicos, herencia, enfermedades hereditarias como Síndrome de Von Hippel-Lindau, mal uso de algunos medicamentos antiinflamatorios y analgésicos e insuficiencia renal crónica en terapia sustitutiva.

En etapas iniciales no presenta síntomas lo que dificulta su diagnóstico, según cifras del Hospital General de México hasta 30 % de los pacientes se diagnostican en fases avanzadas, cuando ya presentan metástasis.

La sobrevida después del diagnóstico depende del estadio en que se encuentre el cáncer de células renales, la edad y el estado general de salud de cada paciente. En etapa I, el tumor es < a 7cm y la sobrevida a 5 años es del 95 %. En estadio II, el tumor es > 7cm, se encuentra limitado al riñón y la sobrevida a 5 años es del 88 %. En periodo III, el carcinoma afecta la vena renal o cava, adrenal o Gerota o 1 ganglio local, la sobrevida a 5 años es del 59 %. En el IV, hay afectación más allá de Gerota o están afectados más de un ganglio, la sobrevida a 5 años disminuye a 20 %.

Algunos de los signos y síntomas son dolor en flanco, sangre en la orina y masa palpable, fiebre, tos, aumento de glóbulos rojos, edema periférico, hipertensión, pérdida de peso, anemia, aumento de calcio en sangre, alteración de pruebas de función hepática, y estas variaciones en general se asocian con enfermedad avanzada, y mal pronóstico.

Para llegar al diagnóstico se deben realizar pruebas de laboratorio e imagen. Normalmente, el estudio inicial con lo que se detectan los tumores es un ultrasonido renal, de allí se decide realizar una tomografía para confirmar.

En países desarrollados, el uso de revisiones periódicas con algún método de estudio de imagen, como puede ser un ultrasonido, ha logrado que entre 60 y 70 % de los diagnósticos se hagan de manera incidental. Posterior a los años 80 ha habido un incremento en la detección de “incidentalomas”, como se les conoce debido al avance en las técnicas diagnósticas y al recurrir cada vez más a dichos métodos de estudio.

El tratamiento tiene como propósito preservar la función renal, disminuir las comorbilidades y ser lo menos invasivo posible. En etapas tempranas, la cirugía es curativa en un porcentaje muy alto. Actualmente la prioridad es preservar la mayor cantidad de riñón sano, por lo que en tumores de menos de cuatro centímetros, se procura retirar únicamente el tumor maligno preservando el resto del riñón. Tumores de alta tamaño o mayor complejidad requieren quitarlo en su totalidad.

La nefrectomía radical (quitar el riñón en su totalidad) y la nefrectomía parcial (quitar únicamente el tumor y dejar el riñón sano), son hoy por hoy los procedimientos iniciales para el cáncer renal.

Hay medicamentos que ayudan al tratamiento de esta enfermedad, pero no es un tumor que responda fácilmente a quimioterapia ni radioterapia, por lo que la cirugía y la detección oportuna son el mejor recurso para ofrecer un tratamiento efectivo.

La cirugía laparoscópica y la robótica son dos recursos tecnológicos que actualmente brindan mejor recuperación, además permiten ofrecer un tratamiento curativo con menores riesgos y con la posibilidad de reintegrar al enfermo a sus actividades cotidianas de forma más rápida y segura.

En manos expertas, ambas cirugías permiten preservar la mayor cantidad de riñón sano en un procedimiento con baja morbilidad y mejor recuperación para el paciente.

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