Diarrea por rotavirus y eficacia de la vacunación

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Por el Dr. Antonio de Jesús de León Cruz.

Suelen ser más graves que otras diarreas víricas debido a que el virus elimina una toxina secretora (NSP4), aunado a la temprana edad del niño en la que se presentan.

Los virus integran la causa más frecuente de gastroenteritis aguda en el niño, especialmente antes de los 2 años de edad. Se estima que los rotavirus representan cerca del 50 % de las causas víricas, y su identificación suele ser sencilla gracias a que existen kits comerciales muy fiables (en particular para la técnica de análisis de inmunoabsorción ligado a enzimas [ELISA]). El papel de otros virus está subdiagnosticado por la falta de identificación sistemática y de conocimiento de todos los agentes víricos de la diarrea aguda.

La transmisión del rotavirus es fecal-oral. La epidemia es invernal, sobre una base endémica discreta, con contagios intrafamiliares y en las guarderías. En cualquier estación del año pueden producirse pequeñas epidemias en comunidades de recién nacidos, en los cuales la primoinfección pone en marcha una diarrea más o menos acentuada o síntomas más atípicos, como malestar. Muchas infecciones son moderadas o asintomáticas, ya que el 90 % de la población general presenta anticuerpos séricos. Las reinfecciones sucesivas del pequeño generan cada vez menos episodios clínicos y la diarrea aguda por rotavirus es rara en el niño mayor y el adulto.

El periodo de incubación viral es de 2 a 4 días. Las deposiciones son líquidas y abundantes, a veces sanguinolentas. Hay fiebre elevada, alteración del estado general, vómitos frecuentes y convulsiones febriles y puede detectarse un síndrome inflamatorio en las pruebas de laboratorio (por ejemplo, concentraciones muy elevadas de proteína C reactiva). El momento máximo de la diarrea se produce entre las 24-48 horas.

El tratamiento es sobre todo de soporte y su finalidad es mantener la hidratación hasta que se resuelve la infección, ya que no se dispone de un tratamiento antiviral específico. En pacientes desnutridos, la suplementación de zinc puede ser una medida útil como complemento de la rehidratación oral.

Frecuentemente ocasionan cuadros de deshidratación que requieren ser manejados mediante soluciones de rehidratación oral.

Por todo lo anterior, es que reviste importancia la inmunización contra el rotavirus, ésta es la razón de que se implementen estudios que tienen el objetivo de validar la eficacia de la vacunación oral, tal es el caso de un reporte recientemente publicado en Clinical Infectious Diseases, titulado “Randomized Controlled Trial with Delayed Dosing of Oral Rotavirus Vaccine Demonstrates Decreased Risk of Rotavirus Gastroenteritis Associated with Serum Zinc”.

Este ensayo clínico, aleatorizado, abierto y controlado con seguimiento a un año, denominado como PROVIDE, buscó evaluar la eficacia y factores relacionados con el desempeño de la vacuna RV1 (vacuna monovalente contra el rotavirus) en el contexto de un país en vías de desarrollo.

En los últimos años, han sido patentadas 3 vacunas orales a virus atenuado, con alto impacto sanitario y una eficacia estimada en más del 85 % en países desarrollados. Sin embargo, por mecanismos que no están del todo aclarados en la actualidad, la eficacia de las mismas vacunas es marcadamente menor en los países en desarrollo (según resultados de múltiples ensayos clínicos, la eficacia en Asia y África oscila entre el 18 y el 61 %).

En el protocolo se incluyó una cohorte de nacimiento de 700 niños de un suburbio dentro de una región endémica para rotavirus, enrolados en su hogar.

Los niños fueron asignados a tratamiento (50 %, n= 350), recibiendo la vacuna RV1 en la semana 10 y la semana 17; o a no recibir la vacuna (50 %) utilizando una secuencia de aleatorización por permutación de bloques (de 4 u 8). Se realizó una encuesta basal a las madres para determinar características demográficas, socioeconómicas, datos de acceso al agua y de saneamiento.

Durante el primer año, se realizaron 10 visitas clínicas para antropometría, flebotomía y vacunaciones. Todas las enfermedades agudas eran evaluadas por oficiales médicos, y en aquellos niños que presentaban fiebre en las visitas donde se preveía la vacunación con RV1, se demoraba la dosis.

Se realizó vigilancia completa para diarrea, durante el primer año de vida mediante dos visitas semanales y el cumplimiento de un cuestionario estructurado para determinar episodios de diarrea (definida como 3 o más deposiciones líquidas en 24 horas, y los episodios distintos separados por más de 72 horas sin diarrea), además se recolectó una muestra de materia fecal en cada episodio. La severidad de la diarrea se definió de acuerdo con la escala de Vesikari (11 o más puntos). Además se tomaron muestras de sangre, en la semana 6 y 18 para determinar inmunogenicidad (anticuerpos tipo IgA específicos para rotavirus) y micronutrientes (vitamina D, proteína de unión a retinol, y zinc sérico).

Como parte de los resultados, se reportó una incidencia de todas las diarreas por rotavirus de 38.3 casos/100 personas-año (mayor que la reportada previamente en contexto de países en desarrollo).

Los niños vacunados presentaron menos diarrea por rotavirus (19.1 versus 32.6 %) y menos diarreas graves por rotavirus (4 versus 11.1 %) en el primer año de vida.

La eficacia (por protocolo) de la vacuna RV1 fue de 73.5 % para diarreas graves por rotavirus y del 51 % para todas las diarreas por rotavirus, además, los investigadores encontraron como factores de riesgo para la diarrea, independientemente del estado de la vacunación, el nivel sérico de zinc y la falta de seroconversión de tipo IgA para rotavirus.

Dichos hallazgos pueden ser útiles para comprender la importancia de los parámetros referidos, evitando con estas medidas las consecuencias de la infección por el virus.

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