Generalidades del dolor

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Por el Dr. Rafael Guevara Corona
Especialista en Ortopedia; Egresado de la Universidad La Salle.

El dolor es el síntoma más frecuente de cualquier enfermedad. La tarea terapéutica del médico es doble: descubrir y tratar la causa, así como el dolor en sí mismo, con independencia de que la causa subyacente sea tratable.

El dolor es tan antiguo como la humanidad; incluso se puede decir que es anterior a ella, porque los animales también lo sufren. Pese a la molestia que provoca, no debe ser considerado como un mal, pues también representa un mecanismo de defensa con el que el cuerpo emite un aviso.

La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor lo define como “una experiencia sensitiva y emocional desagradable que se asocia a una lesión tisular renal o posible, o que se describe como tal”.

A lo largo de la evolución humana, la conceptualización del dolor y su tratamiento se han centrado en una visión biomédica, entendiéndolo como un mecanismo de defensa que activaría una señal de alarma que avisa y protege del daño al organismo. Desde esta concepción lineal del fenómeno doloroso, se consideraba que la intensidad de éste sería directamente proporcional al daño sufrido.

Sabemos que el dolor es un proceso dinámico y cambiante que tiene la finalidad específica de proteger. En condiciones normales, se limita al tiempo que toma resolver la causa que lo origina. Sin embargo, dependiendo de la etiología que lo induce y eficacia de los tratamientos causal y sintomático, puede variar de un episodio fisiológico, y por lo tanto normal, a un cuadro persistente y sin ningún propósito inmediato o mediato.

¿Cómo se clasifica?

El dolor es una experiencia compleja en la que intervienen componentes fisiológicos, sensoriales, afectivos, cognitivos y conductuales. La percepción de la intensidad por parte de una persona tiene que ver con las interacciones de factores físicos, psicológicos, culturales y espirituales. La clasificación la podemos hacer atendiendo a su duración, patogenia, localización, curso, intensidad, factores pronóstico de control y finalmente de conformidad con la farmacología.

La oxidación de la hormona no ocurre en personas sanas, mientras que en quienes tienen diabetes y obesidad se presenta esa condición como consecuencia del estrés oxidativo.

Los pacientes que presentan dolor leve tienen indicado el primer escalón de tratamiento de acuerdo con la escalera analgésica de la OMS con fármacos como el Paracetamol, Ácido acetil salicílico, u otros analgésicos no esteroideos como el Ketoprofeno. Estos agentes presentan techo terapéutico; una vez alcanzada la dosis máxima recomendada, el incremento de la dosis no produce mayor analgesia. La Sociedad Americana del dolor recomienda que todos los regímenes analgésicos deben incluir un fármaco no opioide aunque el dolor sea suficientemente intenso como para añadir uno opioide.

El dolor moderado se puede beneficiar de un tratamiento con opioides menores como la codeína. Se utilizan conjuntamente con analgésicos no opioides, ya que pueden ser aditivos o sinergistas.

Aquellos pacientes con dolor severo necesitan tratamiento con opioides como la morfina u opioides sistémicos, y debe considerase el cuarto escalón que incluye procedimientos invasivos como el bloqueo de nervios periféricos. Mientras que los coadyuvantes aumentan la eficacia analgésica, ya que se utilizan en el manejo de síntomas concurrentes que exacerban el dolor además de los tipos específicos como el neuropático por causas específicas.

Sin olvidar el gran reto que implica la valoración y estratificación del paciente pediátrico. Las características físicas y emocionales que implican este grupo exigen del evaluador un gran conocimiento y actualización de las escalas del dolor, gran intuición clínica para elegir la técnica de medición, y sobre todo, la identificación del padecimiento.

La relación médico-paciente debe ser de primer nivel, tanto como la capacidad de evaluar al individuo, sólo de ese modo es posible inspirar confianza en los padres o familiares del niño.

Por lo tanto es de relevancia considerar que debido a los cambios ocurridos en los últimos años, se requiere de mejoras en la adaptación por parte de la terapia para el adecuado manejo del dolor, con esto concluimos que el desarrollo de nuevos medicamentos en respuesta a los diferentes tipos de dolor debe ir de la mano con los mecanismo farmacológicos, mientras que se debe tener en claro que si los médicos y los pacientes comparten y entienden el impacto que el dolor tiene en quien lo padece, así como el tipo de dolor que tiene, el éxito del tratamiento será mayor.

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