Hiperuricemia y gota

185

Por la Dra. Janitzia Vázquez Mellado
Especialista en Reumatología. Responsable de la

Clínica de Gota del Hospital General de México.

El ácido úrico es una sustancia que está presente en la sangre como resultado de la degradación de las purinas de alimentos y bebidas. En la dieta de los mexicanos, las purinas se hallan en los frijoles, chícharos e incluso en la cerveza, característica que nos vuelve más proclives a tener elevadas concentraciones de ácido úrico en sangre, condición aún más grave ante comorbilidades como diabetes, cardiopatías y obesidad.

El cuerpo tiene sus propios métodos de depuración y desintoxicación; en el caso del ácido úrico, éste se desecha por medio de la orina, sin embargo, para convertirse en parte de ésta, previamente se ha depositado en la sangre, por la que viaja hasta los riñones; muchas veces el exceso no es excretado de forma adecuada y permanecen cúmulos o depósitos en la sangre, o los mismos cristales de urato se quedan estancados en el riñón, causando otras enfermedades renales.

Clínicamente se diagnostica a un varón con hiperuricemia cuando la concentración del ácido úrico en la sangre supera los siete puntos, y a una mujer cuando la medición es mayor a seis. No es motivo para alarmar a un paciente, sin embargo, es el tiempo idóneo para trabajar en la prevención con el cambio de hábitos que deben consistir en una dieta más balanceada, más rica en vegetales que en proteínas complejas como las contenidas en carnes rojas, y con la disminución o ausencia de bebidas con azúcares añadidas, bebidas etílicas y postres industrializados, ya que, por ejemplo, el jarabe de maíz de alta fructuosa es el ingrediente que más riesgos causa por la elevación del ácido úrico.

El 90 % de los pacientes con hiperuricemia presentan una forma asintomática del padecimiento, condición que aumenta el riesgo de desencadenar la enfermedad músculo-esquelética denominada gota, cuya manifestación principal es la inflamación y enrojecimiento de las zonas cartilaginosas, y otros tejidos blandos, la cual, de seguir sin tratamiento, comenzará a desarrollar depósitos voluminosos de cristales de uricemia denominados tofos gotosos.

Es fundamental enfatizar sobre la cronicidad del padecimiento, lo que debe generar un apego por parte del paciente para evitar la reaparición de la enfermedad.

Cuando los tofos gotosos aparecen el paciente ya tiene incomodidades muy severas e incluso discapacidad temporal o crónica, y es cuando acuden al médico, pensando que es artritis reumatoide debido a que el cuadro clínico es muy similar, sin embargo, esos tofos también pueden estar creciendo en otros órganos internos como la tráquea o el hígado, de modo que pueden culminar en una incompatibilidad con la vida. Por ello es que desde las revisiones con el médico de primer contacto deben hacerse los chequeos anuales que incluyan la química sanguínea, puesto que la hiperuricemia es una condición nada complicada que se trata con hábitos, e incluso la gota, detectada oportunamente puede revertirse con estas conductas saludables que el médico de cabecera debe recomendar al paciente, y serán la mayoría de los casos, mientras sólo alrededor del 30 % de los pacientes requerirán atención de segundo o tercer nivel, cuando se debe involucrar alguna terapia adicional y el tratamiento farmacológico.

El primer cuadro sintomático de la gota comienza de forma espontánea, y se caracteriza porque el paciente no logra colocarse el calzado debido a la inflamación tan severa que presenta en su dedo mayor del pie; sin embargo, es un cuadro que suele ser breve e incluso desaparecer a los siete días sin ningún tipo de terapia o tratamiento, por lo que suele pensar que fue un hecho aislado y que se encuentra completamente sano.

Si el paciente no es diagnosticado o no se comienza con un trabajo de prevención o reversión de los niveles de ácido úrico, los cuadros agudos serán de dos o tres por año, hasta que un cuadro se interponga con otro, y el paciente termine con incapacidad crónica que le afectará su vida. Tan sólo el 25 % de los pacientes atendidos en el área de reumatología del Hospital General de México presenta algún grado de discapacidad o dependencia a bastones o incluso sillas de ruedas, y todos estos casos podrían haberse evitado de haber actuado a tiempo.

Otro de los problemas que México presenta, es que no se cuenta con estudios contundentes, existe un subrregistro de pacientes al no contar con estudios de incidencia, y enfocarse únicamente en la prevalencia, misma que se reporta en 0.3-0.7 % de la población, mientras que en Estados Unidos el reporte refiere que afecta a 5.7 % de los hombres adultos.

Con base en los estudios epidemiológicos de obesidad, enfermedades cardiovasculares y diabetes desde temprana edad, todos los pacientes que acuden a consulta en cualquier nivel de atención deben ser evaluados de forma integral, y cuando sea necesario, canalizar al especialista.

No existe razón por la cual un paciente deba perder la vida a causa de tofos desarrollados en órganos internos, porque los tratamientos, además de ser muy económicos e incluidos en todas las instituciones de salud pública, son excelentes, no sólo impiden que la enfermedad avance, sino que logran que retroceda, y en el caso de tofos pequeños, pueden incluso desaparecer.

El fármaco usado para controlar la gota en cuadros agudos es la colchicina, cuya dosis es de cada 12 a cada 2 horas dependiendo de la severidad del cuadro, acompañado de antiinflamatorios, así como los corticoesteroides que se utilizan tanto para el tratamiento agudo como para el control crónico.

La colchicina no debe usarse en pacientes con problemas hepáticos o renales debido a que pueden generar insuficiencia de dichos órganos, mientras que los corticoides pueden generar duda y falta de apego en algunos pacientes debido a la desinformación generalizada por efectos colaterales como alteraciones en el metabolismo glucídico, en la piel, hipertensión, ojos y osteoporosis; sin embargo, como médicos, debemos informar al paciente que éste es un medicamento seguro siempre y cuando se respeten las dosis, para lograr el correcto apego.

Finalmente para casos más severos o con presencia de tofos, se opta por triamcinolona, una inyección que se aplica directamente en las articulaciones, y puede aplicarse hasta una vez por día dependiendo de la severidad.

Compartir