Ototoxicidad farmacológica ¿Cuándo sospecharla?

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Se define como el conjunto de las alteraciones generalmente irreversibles de las estructuras sensoriales del oído interno (cóclea y vestíbulo) inducidas por los tratamientos administrados por vía local o general.

La afectación auditiva suele ser latente desde el punto de vista clínico: la hipoacusia se manifiesta en ocasiones con un cierto retraso, pues el daño sensorial sólo produce síntomas clínicos pasado un umbral crítico. Por ello es esencial una detección mediante pruebas sistemáticas y repetidas, en especial al principio del tratamiento, pero también durante éste y pasado un tiempo de su interrupción, y, por otra parte, una búsqueda periódica mediante la anamnesis de algunos síntomas que pueden sugerir una hipoacusia: sobre todo los acúfenos, así como las dificultades de inteligibilidad en ambientes ruidosos.

La afectación del sistema vestibular se traduce por trastornos del equilibrio de intensidad variable, que pueden acompañarse de trastornos digestivos, náusea y vómito. Debe realizarse un cribado sistemático, pero es fundamental en pacientes con enfermedades otológicas preexistentes (otitis crónica, presbiacusia, etc.) o con afecciones asociadas como una insuficiencia renal.

El diagnóstico de una afectación coclear o vestibular por ototoxicidad farmacológica es difícil en ocasiones. En los casos más sencillos, es fácil atribuir la responsabilidad a un fármaco porque por una parte se conoce su carácter ototóxico y por otra, los síntomas correlacionan de inmediato con su administración. En otras ocasiones, la relación causa-efecto es más difícil de establecer por distintos motivos: situaciones clínicas especiales, antigüedad de la toma del fármaco, asociación con otros agentes tóxicos para el oído interno, fármaco de desarrollo reciente.

El diagnóstico de afectación ototóxica farmacológica debe sospecharse ante cualquier hipoacusia perceptiva, en especial bilateral, sin una causa clínicamente evidente. Debido a que la sensibilidad individual es variable y a la presencia frecuente de enfermedades aso-ciadas, la relación causa-efecto con el fármaco no siempre es evidente. Algunas de las principales situaciones en las que se presenta esta alteración son las siguientes:

Cuando el paciente ha recibido un fármaco con potencial ototóxico, incluso como antecedente lejano (estreptomicina para la tuberculosis, aminoglucósidos para una infección grave, etc.) y los síntomas aparecieron durante o justo después de la toma del mismo, la relación de causalidad se establece con facilidad.

Cuando la exposición al fármaco ototóxico ha sido breve, pero en circunstancias especiales, como la prescripción de aminoglucósidos en un contexto de septicemia con shock séptico e insuficiencia multiorgánica, en especial renal, la responsabilidad del fármaco debe discutirse, porque la afectación cocleovestibular puede deberse al propio microorganismo (neumococo) o a los trastornos hemodinámicos.

Si la toma del fármaco ototóxico se asocia con otras enfermedades auditivas (otitis crónica, hipoacusia genética, etc.) o con otros agentes con potencial ototóxico para el oído interno (ruido, disolventes, etc.), el análisis cronológico de los síntomas y de los datos audiométricos en función de la cronología de las exposiciones ayuda a diferenciar las respectivas responsabilidades.

Por último, durante el desarrollo de nuevos fármacos los síntomas cocleovestibulares se muestran en ocasiones desde el comienzo de la comercialización. La farmacovigilancia permite en estos casos detectar los signos de alerta por la declaración de nuevos casos y decidir medidas de evaluación para decidir si la molécula implicada tiene o no una posible ototoxicidad.

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