Actualidades en glaucoma

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Por la Dra. Vanesa Flores Peredo
Especialista en Oftalmología.

Esta neuropatía tiene cambios típicos en la excavación del nervio óptico y en los campos visuales, y puede estar relacionada o no, con el aumento en la presión intraocular.

Las causas del glaucoma incluyen una presión intra-ocular (PIO) elevada, la cual se produce debido a la incapacidad del ojo para drenar líquido de manera eficiente. En un ojo sano el humor acuoso que circula dentro de la parte delantera del mismo sirve para mantener una presión constante, este líquido fluye a través de la red trabecular; en las personas con glaucoma, el ángulo de drenaje se vuelve menos eficiente para desechar el líquido, como sucede en el glaucoma de ángulo abierto común, y el exceso de líquido produce que la PIO aumente.

Con el tiempo, una PIO elevada causa daños a las fibras nerviosas. Si el ángulo de drenaje se bloquea por completo la presión del ojo se eleva rápidamente, resultando en un ataque de glaucoma de ángulo cerrado o estrecho, el cual conlleva dolor en los ojos y frente, así como náusea y vómito.

Un ataque de glaucoma de ángulo cerrado es una emergencia médica y debe ser tratado inmediatamente.

Algunas personas presentan un glaucoma de tensión normal, o glaucoma de baja tensión. La presión del ojo es siempre inferior a 21 mmHg, sin embargo un daño al nervio óptico y la pérdida del campo visual pueden ocurrir en cualquier momento.

Un tipo raro de glaucoma es el congénito, que se manifiesta en bebés y niños pequeños. Puede ser hereditario, y ocurre cuando el sistema de drenaje del ojo no se desarrolla completa o correctamente antes del nacimiento.

Con frecuencia, el glaucoma puede ser causado por otras afecciones o enfermedades oculares (esta condición se conoce como glaucoma secundario), por ejemplo, lesiones o inflamación de los ojos, formación de vasos sanguíneos anormales debido a diabetes o a obstrucción de los vasos sanguíneos retinianos, uso de medicamentos con esteroides (pastillas, gotas, aerosoles), entre otros.

El glaucoma no se puede prevenir; la detección oportuna es la clave en el control de esta enfermedad, por ello es indispensable tomar la presión intraocular por lo menos una vez al año.

Se calcula que aproximadamente entre 1.8 y 2.4 % de la población en México, tiene glaucoma; la mitad de ésta lo desconoce.

En sus primeras etapas, el glaucoma de ángulo abierto no presenta síntomas obvios. A medida que la enfermedad progresa produce más daño y se desarrollan puntos ciegos en la visión periférica. Estos puntos pueden pasar desapercibidos hasta que el nervio óptico tiene daño grave o hasta que es detectado por un oftalmólogo durante un examen completo de los ojos.

Las personas en riesgo de desarrollar glaucoma de ángulo cerrado por lo general no presentan síntomas antes de un ataque, aunque en algunos casos pueden manifestar inicialmente visión borrosa, halos, dolor de cabeza y ocular leve.

Las personas con glaucoma de tensión normal suelen tener una presión ocular dentro de rangos normales, pero presentan señales y síntomas de glaucoma, tales como puntos ciegos en su campo de visión y daño al nervio óptico.

Una revisión oftalmológica completa es fundamental para poder realizar el diagnóstico de glaucoma; ésta debe incluir:

• Medición de la presión del ojo (tonometría). Una lectura de presión alta es a menudo el primer signo de que se pueda tener glaucoma. Por lo general, la presión normal del ojo oscila entre 10 y 21 mmHg. No obstante, personas con un glaucoma de tensión normal pueden tener daño en nervio óptico y pérdida del campo visual, a pesar de una presión ocular normal.

• Inspección del ángulo de drenaje del ojo (gonioscopía). Se realiza mediante el uso de un lente con espejo. Es útil para determinar el tipo de glaucoma (de ángulo abierto, estrecho o cerrado).

• Inspección del nervio óptico (oftalmoscopía). Para detectar señales de daño en el nervio óptico. El nervio óptico normal se compone de más de un millón de fibras nerviosas pequeñas. El glaucoma daña el nervio óptico, causando la muerte de algunas de estas fibras nerviosas y como resultado, la apariencia del nervio óptico cambia.

• Prueba de visión periférica (prueba de campo visual). Sirve para buscar puntos ciegos en la visión. Se realiza generalmente cada 6 a 12 meses para monitorear cambios.

• Medición del grosor de la córnea (paquimetría). Se toma debido a que el espesor de la córnea puede afectar las lecturas de la presión ocular.

• Tomografía de coherencia óptica. Permite realizar un estudio anatómico del nervio óptico con análisis de capa de fibras nerviosas y de células ganglionares.

El tratamiento de glaucoma depende del tipo específico de que se trate, su gravedad y respuesta al tratamiento.

Los colirios son la forma más común para tratar el glaucoma. Estos medicamentos reducen la presión del ojo de dos maneras: disminuyendo la producción de humor acuoso o mejorando el flujo a través del ángulo de drenaje. El colirio debe aplicarse todos los días.

Pueden dividirse en 6 grupos o familias de medicamentos: análogos de prostaglandinas (colirio); betabloqueadores (colirio); agonistas alfa adrenérgicos (colirio); inhibidores de la anhidrasa carbónica (colirio y vía oral); agentes hiperosmóticos (intravenoso y vía oral), y mióticos (colirio).

Existe también la cirugía del glaucoma, la cual se recomienda en algunos pacientes para mejorar el flujo de líquido hacia afuera del ojo, lo que resulta en la disminución de la presión.

El momento de inicio de la medicación es fundamental para conservar la visión y el campo visual del paciente, entre menos daño exista al inicio del tratamiento mayores serán las posibilidades de detener el avance y conservar la visión. La falta de apego al tratamiento, repercutirá en el avance y progresión de la enfermedad, llegando incluso a la ceguera

Actualmente se encuentran en investigación nuevas moléculas y algunas de las ya existentes están siendo modificadas a fin de ofrecer mejores alternativas a los pacientes.

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