Tratamiento quirúrgico de la hiperhidrosis y ruborización facial en México

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Por el Dr. Miguel Ángel Padilla González
Especialista en Cirugía General. Subespecialista

en Cirugía de Tórax y Oncológica de Tórax.
Responsable del Servicio de Cirugía de Tórax
del Hospital Central Militar.

El número de casos tratados en nuestro país es importante, y los resultados en todos ellos son favorables en cuanto a la disminución de las molestias desencadenadas por el padecimiento.

La hiperhidrosis es un complejo de signos y síntomas entre los que destaca la sudoración excesiva intensa y a veces incapacitante de manos, axilas, pies y cara. Se suma a estos signos la ruborización facial a normal.

La presentación es variada y los sitios donde se manifiesta suelen tener diferentes intensidades, aunque el común denominador es el sudor/rubor latente y constante; además bajo determinadas circunstancias o estímulos se pueden desarrollar “crisis”.

La forma de aparición más frecuente es la denominada “complejo”, en la cual los pacientes se activan al cien por ciento en todos los sitios, e inclusive se desarrolla el rubor. El origen del problema es una disfunción autonómica en el sistema activante llamado simpático.

El reflejo simpático (activación de las glándulas écrinas de la piel y vasodilatación del tronco superior con bochornos, aunado al rubor en aquellos que tienen piel más blanca) de estos individuos está anormalmente activo en situaciones en las que debería estar prácticamente ausente o apagado, y por lo tanto sin presencia de sudor o rubor.

Como acto inconsciente, este reflejo debiera manifestarse como una respuesta a estímulos específicos, entre los que destacan el calor (temperatura), el ejercicio (actividad física) y, el más potente de todos, el que lo dispara en forma inmediata: la emoción. Sumados a estos signos evidentes, los pacientes pueden tener diferentes manifestaciones de disautonomía simpática, tales como cefalea motora vascular refleja (migraña), vasoconstricción refleja periférica (manos y pies fríos, helados), gastritis o colitis del tipo crónica llamada nerviosa o por estrés, temblor fino de manos, taquicardia como crisis paroxísticas, insomnio, datos de hipertensión arterial aislada o diagnosticada con tratamiento, y el común en todos ellos es la ansiedad, con una personalidad de tipo hiperactivo, estresado en diferentes niveles de afección.

En resumen, los pacientes suelen tener diferentes rangos e intensidades de hiperhidrosis, y son afectados de manera grave en su calidad de vida, principalmente debido a que experimentan condiciones de estrés, responsabilidad y compromisos cada vez mayores conforme avanzan en edad.

Los términos y conceptos están completamente desatendidos y la mayoría de los pacientes llegan con estados ansiosos intensos debido a la falla de todas las medidas posibles enfocadas a la piel, estados emocionales, terapias psicológicas e inclusive tratamientos profesionales de tipo psiquiátrico con antidepresivos “formales”.

En relación con los esfuerzos por controlar el sudor/rubor, se conoce como simpatectomía a la interrupción de la cadena ganglionar simpática a nivel del tórax. El nivel de corte de la interrupción de la cadena ganglionar torácica fue controversial hasta el año 2011, cuando se formó un consenso internacional de cirugía del simpático y se estableció que el nivel ideal para manos y axilas sería del nivel C-3 al C-4 (C significa nivel de costilla torácica) y que solo ante problemas de cabeza sería recomendado interrumpir el nivel C-2; lo anterior debido a que la consecuencia inmediata esperada es un cambio del patrón de sudoración, ya que se denerva la parte superior del tronco erradicando totalmente el sudor y rubor, pero el organismo presentará un sudor compensatorio reflejo en la parte baja del tronco en espalda baja, abdomen y piernas, lo cual puede llegar a ser muy intenso y peor que el sudor nativo inicial. Esta condición ha obligado a establecer los niveles según la presentación clínica.

En México, desde junio del 2002 (primer caso en Hospital Central Militar) el ahora Instituto Mexicano de Tórax, presenta una estadística particularmente significativa con 881 casos operados por toracoscopía bilateral. Se han valorado más de 3 mil pacientes potenciales con registros fieles de síntomas, evolución, tratamientos, detalles de cirugía y resultados. Lo más significativo en resumen es que todos los pacientes fueron exitosamente curados del sudor/rubor con 100 % de efectividad; el sudor compensatorio se presentó en el 96 % de los casos como tolerable y aceptable, con una mejor calidad de vida respecto a la previa de la operación; solo el 2 % presentó un sudor molesto e incómodo, pero aun con aceptable calidad de vida; y en total, 2 % refirió mala calidad de vida respecto a su sudor nuevo compensatorio.

En cuanto a las recurrencias, éstas fueron: 2 % en axila unilateral (manejada conservadoramente con resultado adecuado para el paciente); 2 % en cabeza (con muy poca molestia en comparación con el problema original), y 1 % de recurrencia unilateral en manos (altamente tolerable).

Se implementó la técnica acuscópica por medio de trócares de 3 mm, además no se deja drenaje torácico, ni se utiliza intubación selectiva por parte de anestesia y se aplica COcomo medida invasiva para lograr un neumotórax inducido, con tiempo de cirugía actual promedio de 12 minutos en procedimientos bilaterales. Los pacientes se hospitalizan formalmente y, si todo está en orden, solo se aplica corta estancia. Son egresados a la mañana siguiente sin drenajes, dolor o complicaciones.

En el registro confidencial se ha observado una disminución significativa de los síntomas y signos asociados a la hiperhidrosis, como lo son: cefalea, hipertensión, temblor, taquicardia paroxística, pero los datos más impresionantes son en la regulación de la temperatura: se elimina el bochorno, sudor y rubor de cara y se restablece el control normal de circulación periférica solucionando el síndrome de Raynaud de algunos pacientes.

En condiciones de mejoría de calidad de vida, el 100 % observaron beneficios, y la ansiedad mejoró en el grupo de pacientes menores de 33 años; en el grupo por arriba de esta edad no se observó el mismo impacto debido al tiempo que llevan con este problema y a haber condicionado una personalidad estereotipada muy específica y difícil de cambiar; además algunos de los individuos más grandes requirieron apoyo mediante terapia psicológica.

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