Nueva terapia para epilepsia de difícil control

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Por la Dra. Leticia Munive
Especialista en Neurología Pediátrica.
Presidenta de la Sociedad Mexicana
de Neurología Pediátrica.

No existe predisposición de raza ni de género, se presenta por igual en hombres y mujeres afectando a 50 millones de personas en el mundo; el 75 % de casos inician en la edad pediátrica.

La epilepsia es una afección crónica de etiología diversa caracterizada por crisis epilépticas recurrentes y autolimitadas en tiempo, secundaria a descargas neuronales corticales excesivas que se asocian a diferentes manifestaciones clínicas. En el mundo se ha reportado una prevalencia de 0.8–1.5 / 1,000 habitantes, e incidencia de 30-50 / 100,000 individuos. Cabe destacar que afecta a 50 millones de personas en el mundo, de las que el
75 % inicia en etapa infantil. En México existen aproximadamente 2.6 millones de pacientes epilépticos.

En este padecimiento hay un desorden bioeléctrico de neurotransmisores en el sistema nervioso central que produce alteraciones de conducción eléctrica, “como un cortocircuito”, que genera crisis epilépticas recurrentes; las más frecuentes manifestadas por movimientos convulsivos, en otras ocasiones alteración de la alerta, alucinaciones, periodos de amnesias, trastornos conductuales y trastornos sensitivos, siempre autolimitados (de corta duración).

Gracias a los avances científicos, nuestro país ya cuenta con la neuroestimulación como terapia para este tipo de epilepsia, que beneficia a pacientes que no son candidatos para cirugía cerebral.

Su evolución depende de la causa y del tipo de epilepsia; algunas tienen control absoluto con un solo medicamento antiepiléptico, otras requieren de dos o más fármacos para conseguir un manejo satisfactorio, sin embargo hay otros tipos de epilepsias que incrementan el número y duración de las crisis, deteriorando las habilidades motoras y cognitivas e incluso poniendo en riesgo la vida del paciente.

Las causas de este padecimiento son diversas: existen epilepsias por neuroinfecciones, traumatismos craneoencefálicos, hipoxia perinatal, de las que podríamos prevenir su presentación si promovemos vacunación, prevención de accidentes, vigilancia y adecuada atención prenatal y perinatal, pero desafortunadamente existen otras causas como malformaciones cerebrales (disgenesias), trastornos metabólicos, trastornos inmunológicos y genéticos, las cuales no son prevenibles.

Los síntomas que refieren los pacientes son de tipo parcial; en general los pacientes no identifican las manifestaciones iniciales, ya que la mayoría presenta alteración o pérdida del alerta durante las mismas. Pueden expresar disminución en los márgenes de atención, reducción en el rendimiento académico o laboral, cambios conductuales, irritabilidad y cefalea.

Para el diagnóstico de la epilepsia debe realizarse una historia clínica amplia, exploración física neurológica detallada, además, solicitar un electroencefalograma, siendo éste el estudio más importante para el diagnóstico de la enfermedad. Es relevante señalar que un electroencefalograma anormal que se correlacione con las manifestaciones, incrementa la sensibilidad diagnóstica, sin embargo uno normal no descarta la presencia del padecimiento ante la persistencia de los signos y síntomas, debiendo ser evaluado por especialistas para confirmar el diagnóstico.

Es fundamental solicitar estudios de neuroimagen (tomografía computada o resonancia magnética cerebral) en los pacientes con diagnóstico de epilepsia confirmado, para evaluar causas estructurales, sin embargo existen estudios metabólicos, inmunológicos y genéticos que pueden requerirse dependiendo de las características específicas de cada paciente; en algunos de ellos se complementa su evaluación con estudios funcionales como el SPECT o PET cerebral cuando se considera la posibilidad de tratamiento quirúrgico de la enfermedad.

La selección del tratamiento debe ser de manera individualizada, considerando el tipo de epilepsia, la edad, la causa, si existen otras enfermedades concomitantes y los posibles efectos secundarios.

Los primeros medicamentos que existieron presentaban más efecto anticonvulsivante, afortunadamente en la actualidad se cuenta ya con medicamentos con efecto antiepiléptico, considerando un periodo mínimo de tratamiento de 3 a 5 años.

Existen muchas opciones de medicamentos antiepilépticos: fenobarbital, primidona, fenitoína, carbamazepina, ácido valproico, etosuximida, benzodiacepinas, lamotrigina, oxcarbazepina, topiramato, vigabatrina, gabapentina, zonisamida, felbamato, levetiracetam, lacosamida, brivaracetam, entre otros. Además de los fármacos antiepilépticos, existen tratamientos especiales como gamaglobulina endovenosa, esteroides, dieta cetogénica, y cirugía.

Terapia de estimulación del nervio vago

Los esfuerzos de la medicina a través del tiempo han permitido desarrollar alternativas de tratamiento para los pacientes con epilepsia de difícil control, como la estimulación del nervio vago, que mejora el control de las crisis, reduce el número de fármacos, así como los efectos secundarios que éstos producen. Este tratamiento consiste en un dispositivo similar a un marcapasos y un cable delgado y flexible que envía impulsos leves al nervio vago izquierdo; el cual a su vez envía estas señales al cerebro para ayudar a controlar las crisis. Es un tratamiento que complementa los medicamentos antiepilépticos, no los reemplaza.

Como conclusión, es importante sensibilizar a la sociedad de la importancia de favorecer las vías de acceso para que los pacientes con esta enfermedad no sean discriminados y tengan derecho a todos los tratamientos farmacológicos, quirúrgicos e innovadores.

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