Actualidades en el diagnóstico de la inflamación cerebral y la médula espinal

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Investigadores de Mayo Clinic han identificado un nuevo biomarcador para la inflamación del cerebro y la médula espinal; con este avance, se podrá realizar un diagnóstico y tratamiento rápido y acertado.

La Dra. Vanda Lennon (doctora en medicina e investigación) y sus colegas identificaron un nuevo biomarcador tanto en el líquido cefalorraquídeo como en el suero sanguíneo de los pacientes con meningoencefalitis autoinmune. El biomarcador consiste en un anticuerpo.

Cuando un anticuerpo apunta contra tejido sano debido a una equivocación del sistema inmunitario, según ocurre en este trastorno, entonces se le denomina auto-anticuerpo. En la meningoencefalitis autoinmune, el auto-anticuerpo apunta contra una proteína llamada proteína gliofibrilar ácida glial, presente en los astrocitos que están en el cerebro y la médula espinal.

“El síntoma sobresaliente que estos pacientes informan es dolor de cabeza, que viene acompañado por hallazgos neurológicos de variable gravedad. Las células inflamatorias presentes en el líquido cefalorraquídeo y en las imágenes por resonancia magnética hacen sospechar una infección en el cerebro, otra enfermedad inflamatoria del cerebro o un cáncer que se disemina al revestimiento cerebral”, explica la Dra. Lennon.

La reversión de la enfermedad se logra con terapia dirigida contra el sistema inmunitario, tal como prednisona, a diferencia de una infección, que requiere de antibióticos o del cáncer, que exige un tratamiento agresivo, anota la Dra. Lennon.

La obtención de un resultado positivo en la prueba del autoanticuerpo de la proteína gliofibrilar ácida debe aportar antes el diagnóstico correcto y acelerar el tratamiento más adecuado.

El biomarcador del anticuerpo de la proteína gliofibrilar ácida fue identificado en el Laboratorio de Neuroinmunología de Mayo Clinic, parte del Departamento de Medicina de Laboratorio y Patología, con un examen desarrollado en la década de los años 60. El proceso implica aplicar el suero o el líquido cefalorraquídeo del paciente en secciones finas de tejidos de ratón; si el autoanticuerpo está presente, se adherirá al tejido objetivo.

Después de lavar el suero o el líquido cefalorraquídeo, se aplica al tejido un rastreador en forma de otro anticuerpo para detectar cualquier anticuerpo humano distinto que todavía esté adherido al tejido. El rastreador con el anticuerpo está etiquetado con un tinte fluorescente y al visualizarlo bajo el microscopio, muestra la ubicación del autoanticuerpo humano adherido y revela las células contra las que apunta el sistema inmunitario. En este caso, el patrón de fijación al tejido cerebral del ratón se parece al patrón de anomalías observado en las imágenes de la resonancia magnética del cerebro y la médula espinal del paciente.

Durante los últimos 35 años de vida del laboratorio, este método ha sido un poderoso medio de descubrimiento y diagnóstico, pese a que hace alrededor de 20 años perdió popularidad debido a la motivación por aplicar modernas técnicas moleculares. Nosotros indudablemente aplicamos las técnicas moleculares, que son importantes pasos de validación, pero no desechamos la valiosa tecnología antigua como parte del protocolo de detección del siglo XXI para descubrir autoanticuerpos informativos. Durante este proceso, hemos continuado descubriendo nuevos anticuerpos de importancia clínica”, añade la Dra. Lennon.

Con el descubrimiento la investigadora y su equipo esperan que el diagnóstico y el tratamiento de los pacientes mejoren de otra forma importante. “Hasta este punto, ya hemos identificado alrededor de 103 pacientes y resulta que aproximadamente un tercio de ellos tiene un cáncer insospechado en algún sitio distante del cuerpo”, dice la científica.

El equipo de investigación sospecha que debido a que las células cancerosas y el sistema nervioso usan algunos de los mismos mecanismos de comunicación, la respuesta inmunitaria que ataca al cáncer ocasiona daños colaterales al sistema nervioso en el proceso.

“De las pruebas encontradas hasta la fecha, parece que el anticuerpo en sí mismo no causa la inflamación del cerebro sino que es un marcador putativo de un componente más agresivo del sistema inmunitario, conocido como células T asesinas y que apuntan contra la misma proteína cerebral”, anota la Dra. Lennon.

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