Cirugía de reemplazo articular, una opción para recuperar la vida productiva

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Por el Dr. Luis Manuel Alanis Blancas
Especialista en Ortopedia y Traumatología con

Subespecialidad en Cirugía Articular (Artroscopía
y Reemplazo Articular). Miembro del Grupo de
Especialistas en Ortopedia en el Centro Médico ABC.

Existen diversas enfermedades crónicas o degenerativas que afectan al adulto mayor; diabetes y enfermedades cardiovasculares son dos de las más comunes, sin embargo el desgaste articular, que puede generar importante discapacidad, es un padecimiento frecuente del que en ocasiones se conoce poco y que sin embargo llega a limitar parcial o totalmente la calidad de vida de quien lo sufre.

La cirugía de reemplazo articular (artroplastia) es común en nuestra población, destacando en este aspecto la artroplastía que involucra a la rodilla y cadera.

El objetivo del procedimiento artroplástico es mejorar la función articular, ya que permite eliminar el dolor y recuperar la movilidad de las articulaciones que sufren daño debido a enfermedades como la artritis reumatoide, la osteoartritis o por el deterioro normal del paso de los años. La osteoartritis se caracteriza por el desgaste de la superficie de las articulaciones, es decir del cartílago, provocando que los huesos se toquen entre sí, lo que causa rigidez y dolor. La artritis reumatoide puede atacar cualquier articulación y a diferencia de la osteoartritis, destruye la articulación debido a que el sistema inmunológico elimina el cartílago causando pérdida de movilidad.

El procedimiento se realiza bajo una clara indicación médica para el tratamiento del dolor y la disfunción de las articulaciones dañadas, incluso cuando los medicamentos y la terapia física no han brindado el alivio adecuado, y es el médico especializado en el campo quien deberá evaluar el grado de limitación de las actividades, así como la progresión de la condición de salud del paciente para definir si es candidato a un reemplazo articular o no, aunque vale la pena recordar que la decisión final depende del binomio con el paciente.

La cirugía podría ser recomendable cuando el dolor es severo durante las actividades cotidianas: como caminar, sentarse, levantarse, subir escaleras, incluso durante el descanso, o cuando haya presencia de inflamación crónica o deformidad de la articulación.

Durante el proceso quirúrgico se remueve la parte del hueso dañado y se reemplaza con una pieza que se iguala en su anatomía, es decir, el cartílago y el hueso removidos se cambian por componentes metálicos, que recrean la superficie de la articulación, para reestablecer su funcionamiento.

Es un procedimiento seguro que deberá complementarse con terapia de rehabilitación física, el cual se inicia inmediatamente después de la cirugía, mediante ejercicios que ayudan a tensar los músculos, permitiéndo recuperar la fuerza y movilidad de manera progresiva y controlada.

Una de las cirugías más frecuentes es la artroplastia de rodilla, para la que existen opciones destacables de implantes, ya que actualmente son el resultado de múltiples investigaciones que evalúan con precisión la geometría del implante para contribuir de manera acertada a la estabilidad de la rodilla y la funcionalidad de la articulación reemplazada en las actividades diarias de un paciente, como ejemplo de lo anterior, existen las prótesis de rodilla tricompartimental/de placa fija (ATTUNE).

En el caso del reemplazo de cadera, existen diversas prótesis que posibilitan la sustitución de una parte o toda la articulación dañada, producto del desgaste o la lesión, de este modo el paciente podrá recuperar el buen funcionamiento, mejorará los movimientos al caminar y se aliviará del dolor.

Ambos procesos quirúrgicos, más la rehabilitación y seguimiento adecuado pueden permitir que el paciente recupere su calidad de vida y continúe desempeñando sus actividades cotidianas.

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