Día mundial de la salud: hablemos de la depresión

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Por el Dr. Enrique Chávez- León
Presidente de la Asociación Psiquiátrica Mexicana AC.
Secretario de la Región México, CA y el Caribe
de la Asociación Psiquiátrica de América Latina.

El 7 de abril de cada año, fecha en que se fundó la Organización Mundial de la Salud, se celebra el Día Mundial de la Salud; el presente año está dedicado a la depresión.

Los trastornos mentales son padecimientos muy frecuentes en la población. El análisis de 155 estudios realizados en 59 países demuestra que una de cada cinco personas ha tenido un trastorno mental en el último año, esto es, casi el 30 % de la población. Por otra parte, se encontraron cifras más altas en la Encuesta Mundial de Salud Mental, realizada en 17 países, ya que un 18 % y un 55 % padecen una enfermedad mental.

La depresión es la enfermedad más frecuentemente tratada por los profesionales de la salud mental y la segunda causade incapacidad en el mundo. Es una enfermedad mental que se caracteriza principalmente por dos síntomas: la pérdida de interés por las actividades cotidianas y placenteras, y por tristeza o baja del estado de ánimo.

Sabemos que la tristeza puede ser una emoción normal y transitoria. Sin embargo, cuando su duración es mayor a dos semanas y se acompaña de fatiga, baja de apetito e insomnio, dificultad para concentrarse, pensamientos negativos y pesimismo respecto a sí mismo, del mundo y el futuro, así como nerviosismo, la persona padece depresión. La depresión, como otros trastornos mentales, es producto de la interacción de la predisposición genética y los eventos ambientales estresantes, aunque también el uso de drogas y algunas enfermedades médicas pueden ocasionarla.

La OMS en su reporte más reciente (2017) estima que 322 millones de la población mundial (4.4 %) padecen depresión. En el mismo reporte señala que los trastornos de ansiedad afectan a 260 millones (3.6 % de la población mundial). Estos trastornos mentales se han incrementado, sobre todo en los países de ingresos bajos e intermedios. De acuerdo con el mismo reporte, el número de personas afectadas se ha incrementado en más del 18 % entre los años 2005 a 2015. En México está presente en el 3.3 % de nuestra población. Afecta más a las mujeres (4.5 %) que a los varones (2%) en una proporción de por lo menos 2 a 1.

Respecto a los adolescentes, el 39 % presenta algún trastorno mental. Los trastornos más frecuentes son el consumo de sustancias (24.5 %), los trastornos del estado de ánimo -incluyendo la depresión- (14 %), los trastornos de conducta (14.2 %), los trastornos de ansiedad (7 %) y con menor frecuencia los trastornos de la alimentación. En la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica en México 2003, se observó que la depresión mayor presenta un primer auge alrededor de los 17 años, otro segundo pico alrededor de los 32 años y en la senectud.

En México, sólo el 17.7 % de las personas que tienen algún trastorno mental, busca atención médica, psicológica o psiquiátrica.

La depresión puede aparecer en cualquier momento de la vida, pero el riesgo aumenta desde la adolescencia. Un fenómeno interesante y un tanto enigmático, es que en las generaciones más recientes, el riesgo de que la depresión aparezca durante la adolescencia, es mayor.

Una vez que el cuadro depresivo aparece, el 40 % de los pacientes empiezan a recuperarse después de tres meses, y un 80 % al año. Entre más tiempo dure la depresión, es más difícil que remita espontáneamente.

Los factores que determinan que el episodio depresivo no desaparezca espontáneamente son: mayor gravedad, presencia de síntomas psicóticos (alucinaciones oideas delirantes), ansiedad y los trastornos de la personalidad.

La depresión es un padecimiento que tiende a repetirse a lo largo de la vida: La mitad de las personas que han tenido un primer episodio depresivo vuelven a tener otros posteriormente. Así, los que tienen un segundo episodio tienen riesgo mayor de presentar un tercero (70 %) y los que han tenido un tercer episodio, en 90 % tendrán nuevos episodios. En promedio, 85 % de los pacientes que se recuperan de la depresión tienen recurrencias, sobre todo las mujeres solteras; aún cuando hayan transcurrido cinco años el riesgo de recaer es casi del 60 % .

En relación con los factores desencadenantes en algunos trastornos mentales, como la esquizofrenia, trastorno bipolar, autismo y trastorno por déficit de atención es determinante la genética; en la depresión, la herencia contribuye en 40 %.

El estrés y los eventos ambientales negativos son desencadenantes importantes. El estrés ocasiona que la información genética de la depresión, se exprese, dando lugar a los síntomas mencionados. Por ejemplo, los niños que sufrieron bullying, tienen mayor riesgo de sufrir depresión y trastornos de ansiedad en la edad adulta; también tienen mayor ideación y planeación suicida.

En relación con el tiempo que transcurre entre la aparición de la depresión y su tratamiento, puede llegar a ser de 15 años. La depresión aumenta 43 % la mortalidad de pacientes con distintos padecimientos médicos a los seis años de seguimiento; incrementa 1.5 a 2 veces la mortalidad de los pacientes con cardiopatías y cáncer, enfermedad vascular cerebral y diabetes. La depresión, cuando está presente en el primer año de secundaria predice la deserción escolar (ocasiona que uno de cada cuatro adolescentes abandone los estudios).

Cuando los trastornos mentales se presentan en la niñez o adolescencia el riesgo de suicidio aumenta 5 veces; en las mujeres es inclusive mayor. En la población adulta el aumento del riesgo es mayor, pues lo aumenta once veces; la depresión en especial incrementa el riesgo suicida 20 veces.

Diagnóstico oportuno y su importancia. El diagnóstico es clínico. Cuando están presentes la tristeza y el desinterés por espacio de dos o más semanas, la probabilidad de que la persona tenga depresión es de 80 %. Para establecer el diagnóstico deben estar presentes cuando menos cinco síntomas que muestran que existen problemas de sueño, baja de apetito, dificultad para mantener la atención y por ende problemas de memoria, poca energía y cansancio, nerviosismo e irritabilidad, así como pensamientos negativos sobre sí mismo, las situaciones de la vida y sobre el futuro (ideas de inutilidad, culpa, desamparo y desesperanza) que en los casos más graves incluyen ideas acerca de morir.

Para el diagnóstico debe considerarse que el alcohol y otras drogas como la fenciclidina y alucinógenos, los inhalantes, opioides, ansiolíticos y estimulantes pueden inducirla. También algunas enfermedades como la enfermedad vascular cerebral, enfermedad de Huntington, epilepsia del lóbulo temporal, hipotiroidismo y el cáncer de páncreas pueden ocasionarla.

En los niños con este padecimiento se cumplen las características diagnósticas mencionadas previamente, pero se acompaña de ansiedad importante.

En el adolescente, las manifestaciones preponderantes suelen ser irritabilidad, aislamiento de la familia y del grupo de amigos, problemas de conducta, mal funcionamiento escolar, así como abuso de alcohol y sustancias.

La depresión en el anciano suele ser motivo de duda para muchas personas y hasta profesionales de la salud, ya que ésta suele ser referida como si fuera un estado propio del cansancio por la edad, sin embargo suele tener los síntomas que se describieron anteriormente más quejas físicas y problemas importantes de memoria que inclusive pueden confundirse con manifestaciones demenciales (pseudodemencia).

Tratamiento. Afortunadamente la investigación científica está muy avanzada al respecto y actualmente los pacientes tienen la posibilidad de tener una buena calidad de vida. La enfermedad debe ser tratada siempre bajo la vigilancia de un médico especialista, con medicamentos antidepresivos y psicoterapia.

Los tratamientos psicoterapéuticos actuales (como la terapia cognitivo conductual y la psicoterapia interpersonal) resultan instrumentos terapéuticos útiles. Los antidepresivos que corrigen la disminución del funcionamiento de los neurotransmisores, como la serotonina, constituyen el arma terapéutica más poderosa. Los antidepresivos son útiles, seguros y con efectos secundarios de baja intensidad; a diferencia de lo que se dice, no producen adicción. La duración del tratamiento habitualmente es de alrededor de un año y sólo cuando el paciente ha tenido ya tres episodios depresivos es prudente el continuar el tratamiento por un tiempo mayor.

La psicoterapia requiere un entrenamiento especial y mucha experiencia para poder utilizarla como única forma de tratamiento, de ahí que sea mejor utilizar ambos tratamientos, el farmacológico y el psicoterapéutico, de manera conjunta.

La investigación sobre la depresión se realiza en las áreas de la genética, la neurobiología, el funcionamiento cerebral, los efectos de los factores sociales en su génesis y sobre distintas formas de psicoterapia y medicamentos antidepresivos.

Los últimos avances en cuanto al tratamiento son los nuevos antidepresivos y en especial la administración intravenosa de ketamina.

Es necesario sensibilizar a la población (no sólo a quienes la padecen) de que la depresión es un trastorno derivado de muchos factores y que todos estamos expuestos a padecer sus síntomas.Una mejor comprensión sobre qué conlleva esta enfermedad, cómo se previene y se trata, ayudará a reducir el estigma que desafortunadamente sigue pesando en pacientes depresivos. Es fundamental sumar esfuerzos entre sociedad, organizaciones y autoridades médicas para difundir los síntomas y resaltar lo esencial que es el diagnóstico oportuno.

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