De Cyrano de Bergerac a Roxane

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De Cyrano de Bergerac a Roxane

Edmond Rostand 1868-1918

Señora:

La memoria que guardo de vos, en lugar de regocijaros, debería causaros piedad. Imaginaos un fuego compuesto de ardiente hielo que se quema a fuerza de temblar, que el dolor hace estremecerse de alegría y que teme tanto como la muerte la curación de sus heridas: he aquí lo que ahora os digo.

Pregunto al más agudo de mis conocimientos de dónde proviene esta enfermedad: dicen que es Amor, mas no lo puedo creer, pues la gente de mi edad aún no ha sido atacada por esta enfermedad. Responden que el Amor es un niño y que se va con sus semejantes; que es enfermedad propia de niños jugar mucho tiempo con fuego sin quemarse y que su pecho es más tierno que el de los hombres.

¡Oh, dioses! Si es verdad, ¿qué esperaré? No tengo un punto de experiencia, odio los remedios, me gusta la mano que me golpea y al fin soy atacado por un mal por el que no puedo llamar al médico por temor a que se burle de mí. Si al menos no tuvierais mi corazón, encontraría el coraje para defenderme; mas la presente ha hecho que no ose fiarme de vos porque tenéis un doble corazón. Soñad, pues, con darme el vuestro; porque soy de una profesión a la que señalan con el dedo si se viene a saber que no tengo en absoluto corazón, ¿y podríais reconocer en una persona sin corazón a vuestro apasionado servidor?

 

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