ERIK SATIE el impresionista

Por Marcos Arizmendi

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Satie nació en un poblado de Normandía, Honfleur, el 17 de mayo de 1866. Su madre, Jane, era inglesa. Cuando cumplió los cuatro años de edad la familia se mudó a París. Erik regresó a su pueblo dos años más tarde tras la inesperada muerte de su madre. Su abuelos paternos lo criaron y lo presentaron al organista local, de quien recibió sus primeras lecciones. La suerte no parecía estar mucho con Satie ya que a los 12 años fue su abuela la que murió.

Sin embargo, un poco después, Erik,uAhí les comunicó la noticia de que pronto se casaría de nuevo. Esta vez con una maestra de piano. Su madrastra fue una gran influencia, ya que lo alentó a escribir su propias composiciones.

Estas composiciones iniciales del adolescente Satie le abrieron las puertas del Conservatorio de París, institución a la que ingresó con 13 años de edad cumplidos y donde fue un verdadero fracaso. Sus profesores Georges Mathias y Émile Decombes lo tenían clasificado como un estudiante “insignificante y sin valor” y “como el más flojo”, respectivamente. Regresó a su casa para estudiar ahí y buscó de nuevo, a los 19 años, ser readmitido en el Conservatorio. Al parecer la opinión que de él tenían antes sus maestros muy poco cambió. Sólo que Mathias algo vio en el apenas adulto Satie y lo alentó a que compusiera y no a que interpretara. En realidad, le dijo que de tener un talento, éste, sin duda, sería el de la composición.

El clima académico le era hostil al descuidado joven, por lo que decidió dejar el Conservatorio para alistarse al servicio militar. Seguramente, de inmediato se arrepintió: unos meses más tarde fue dado de baja una vez que deliberadamente se infectó de bronquitis.

A los 21 años, en 1887, dejó el hogar paterno para buscar fortuna en Montmartre, barrio al que se mudó y donde empezó a trabajar como pianista en el cabaret Le Chat Noir.

“Esta obra debe interpretarse con un gran desprendimiento hacia el presente” ERIK SATIE

En Le Chat Noir dio a conocer sus composiciones iniciales, sus Gymnopédies y Gnossiennes. Las primeras son unas piezas cortas, atmosféricas, que comparten todas entre sí un tema y una estructura y que muchos consideran antecedente directo de la música ambiental. Las melodías llamaban la atención por su sencillez y el uso de disonancias que producían un efecto melancólico, ya que el compositor pedía interpretar la pieza “dolorosa, triste o gravemente”. Las segundas composiciones resultaron más complejas en estructura, al carecer de anotaciones para el tempo de su interpretación. Altamente experimentales tanto en la forma como en el ritmo y la estructura, llamaron la atención por su título.

Una de las características de Satie es que inventó este nuevo tipo de composición al que, por supuesto, llamo gnossienne, que según algunos estudiosos deriva del creta cnosos y que hace alusión con ello a la leyenda del minotauro y el hilo de Ariadna. ¿Por qué se inspiraría en esto? Al parecer porque en aquellos años, en Creta hubo una expedición arqueológica que mucho se comentó por sus hallazgos. También existe la versión de que el término proviene de gnóstico. El hecho es que para Satie significó simplemente un nuevo tipo de composición. Una que ahora puede definirse como minimalista. Así que tal forma de composición es el antecedente directo de este movimiento musical que comenzó a florecer en el último tercio del siglo XX.

Sus excentricidades musicales y ese sonido nuevo que extraía de su piano, llamó la atención de uno de sus contemporáneos, asiduo a Le Chat Noir, Claude Debussy (1862-1918), una de las dos figuras fundamentales de la conocida escuela Impresionista, etiqueta con la que no le gustaba mucho a Debussy ser asociado ya que él se consideraba, más bien, simbolista.

Debussy experimentaba con disonancias que la academia no permitía. Consumado pianista y destacado intérprete de Beethoven, Schumann y Chopin, pasó a ser una influencia clave en el siglo XX, en especial para Igor Stravinsky, Olivier Messiaen, Béla Bartók, Pierre Boulez y los minimalistas Steve Reich y Philip Glass, uno de los más influyentes, ya que su estilo puede trasladarse en algo tan emocional que logra equivalencias directas con imágenes. De ahí que muchos compositores para cine como Miklós Rozsá (1907-1995), Erich Wolfgang Korngold (1897-1957) y el popular John Williams (n. en 1932), entre otros, lo hayan considerado como una influencia fundamental para la creación de sus partituras.

El año 1892 fue bastante especial ya que Satie empezó a componer diversas piezas con un sistema personalizado del que fueron resultado su Fête donée par des Chevaliers Normands en l’honneur d’une jeune demoiselle, y dio rienda suelta a su excéntrica personalidad: tuvo el detalle de publicar lo que a la larga fue una broma que se convirtió en toda una leyenda urbana. Anunció el estreno de una anti-ópera, de corte wagneriano que, por supuesto, tituló Le bâtard de Tristan. Es evidente, según queda testimonio entre sus papeles y partituras conservados, que nunca escribió dicha ópera. Lo hizo, presuponen algunos de sus biógrafos, para estar en sincronía con su entonces singular amigo Joséphin Péladan (1858-1918) novelista que había fundado el famoso Salon de la Rose + Croix, donde reunía a pintores, escritores, músicos y todo tipo de artistas, para compartir sus ideales bajo el influjo de la entonces dominante corriente del simbolismo. Y, acaso, del “hada verde”.

El simbolismo es, en varios sentido, el componente gótico del romanticismo y se debe a la influencia que ejercieron en todas las generaciones de aquellos años las obras de Baudelaire, Stéphane Mallarmé y Paul Verlaine publicadas alrededor de las décadas 1860 y 1870. Baudelaire fue el principal cultivador con su obra seminal Les fleurs du mal (1857). Como en esos años también se hablaba de decadentismo, el crítico Jean Moréas acuñó el término simbolismo.

Péladan era también martinista, lo que quiere decir que era un aficionado por esta forma de misticismo y esoterismo cristiano que disertaba sobre la caída del primer hombre, alejado de la fuente divina, y lo que debería hacer para reintegrarse a la iluminación que Dios provee.

Satie fue en un principio, por sus nexos con Le Chat Noir, muy próximo a Péladan y sus ideas, que transformó en juguetones ballets cuya música poseía un cierto carácter dramático que en principio fue considerado simbolista, ya que inspiraba muchas imágenes y en más de un sentido tenía ese gusto minimalista por crear atmósferas, o el estilo impresionista que producía a veces complejas descripciones de estados de ánimo.

Fue fundamental para ello su encuentro en 1893 con Maurice Ravel (1875-1937), orquestador de genio, compositor notable, pianista y director que, a pesar de ser siempre asociado con la escuela impresionista, renegaba de ella ya que, al igual que Satie, pensaba que había un nuevo lenguaje musical y un nuevo concepto para la composición. Y, al igual que Satie, tampoco era muy apreciado por sus colegas del Conservatorio de París al considerar que sus ideas eran opuestas al conservadurismo que dominaba a la academia de su tiempo. Ravel creía que podía incorporar elementos barrocos, por ejemplo, al estilo de composición que fue el antecedente del neoclasicismo, la derivación más interesante del impresionismo que Ravel representó espléndidamente tanto en su Boléro (1928) como en su magistral orquestación hecha en 1922 a petición del director y compositor Serge Koussevitzky de la pieza para piano de Modest Mussorgsky, Cuadros de una exposición, originalmente compuesta en 1874.

Aunque Satie era mayor, vio en Ravel al creador de un estilo que mucho le interesaba desarrollar, como lo hizo en su obra Vexations, publicada póstumamente, pero que en su momento le inspiró un cambio radical en el que afirmó esa idea que pronto se impondría en la arquitectura: “menos es más”.

Aunque separado de Péladan, tuvo el detalle de fundar una organización parecida a la de su ex amigo. Así que escribió el panfleto de lo que pasó a llamarse la Église Métropolitaine d’Art de Jésus Conducteur (la Iglesia Metropolitana de Arte de Jesús Director), director en el sentido musical, claro está. Como único miembro de esta iglesia compuso diversas obras, entre las que sobreviven la Messe des pauvres.  También se dedicó a protagonizar diversos hechos que fueron en su momento considerados una payasada, como querer entrar a la Académie Française declarando que tanto la academia como su presidente, ni más menos que Camille Saint-Saëns, se lo debían. Esto en gloriosas cartas que parecen producto de un narcisismo desmesurado, o al menos de un afán protagónico que contradecía a las sencillas y bellas composiciones por las que se había hecho famoso.

En 1895, Satie pasó a llamarse el “caballero de terciopelo”, una excentricidad absoluta, dado que heredó un dinero que pronto dilapidó comprando trajes de esa tela, que ostentó en una parte de su vida y que, por supuesto, lo llevaron a la ruina. Porque vestir de terciopelo sólo era una parte de la faceta excéntrica de Satie, ya que también con esa herencia publicó muchas obras y panfletos.

Al borde de la quiebra y buscando mejorar su situación económica se mudó a Arcueil, suburbio no muy alejado de París, a cinco kilómetros de hecho, donde estableció su residencia fija y, sin duda, comenzó su periodo más fructífero. 

Fue éste el momento en que empezó a tomarse más en serio y entregó una composición para pantomima, Jack in the box, una más, muy elegante, para piano, The dreamy fish, entre otras muchas, las cuales fueron pensadas para representaciones de diverso cuño y nunca llegaron a ver la luz, debido a que o quedaron inconclusas o no las publicó. Permanecieron, pues, para la posteridad.

Contando 39 años de edad, Satie hizo algo que desconcertó a todos sus amigos y conocidos. Se inscribió en la Schola Cantorum de París para estudiar contrapunto clásico. Esta escuela tan prestigiada la dirigía Vincent d’Indy, que admiraba mucho a Saint-Saëns, a quien repudiaba abiertamente Satie. Para sorpresa de propios y extraños, y dados sus antecedentes como pésimo estudiante, resultó un alumno destacadísimo que cinco años más tarde, en 1908, recibió su diploma. La mayoría de sus ejercicios de contrapunto, como Désespoir agréable, salieron a la luz tras su muerte y son considerados ejemplos notables del ya maduro estilo de Satie.

Ese estilo, lleno de miniaturas que había desarrollado, evolucionó con sus clases de contrapunto. Y si bien su paso por la escuela fue bien visto, no dejó de llamar la atención en cuanto de nuevo transformó su vestimenta, renunciando al terciopelo para vestirse con el traje convencional de un funcionario burgués con sombrero y paraguas.

“Antes de componer una pieza camino infinidad de veces a su alrededor acompañado por mí mismo” ERIK SATIE

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