Tamayo y la música

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murales37_1No es casual que Rufino Tamayo haya realizado su primer mural con el tema de la música, porque ésta es una constante que florecerá a lo largo de su obra y que de una u otra manera influirá en el trabajo de algunos de los más importantes músicos mexicanos contemporáneos. De ahí que tampoco sea casualidad su amistad con Carlos Chávez. Hay que recordar que Rufino Tamayo era un gran guitarrista. Había aprendido a tocar la guitarra para cantar aquellas canciones zapatistas que escuchaban todo el tiempo en su casa. Uno de sus óleos lleva por título Hombre con guitarra (1986) y en 1987, al celebrarse sus 70 años de vida creativa, Blas Galindo compuso una cantata dedicada al pintor mientras que José Antonio Alcaraz escribió una presentación, “Luz de luz”:

Sin temor a exagerar, puede afirmarse que el centro de la vasta y codiciable producción de Tamayo —en su territorio sibarítico es capaz de abarcar con idéntico acierto la intimidad y el vuelo de la épica— resuenan simultáneamente la flauta de carrizo y opulencias sinfónicas. En su miríada de texturas el canto de Tamayo da cuerpo, por igual, al ascetismo gregoriano o a aquella sencillez entrañable en la melodía popular entonada por una voz infantil durante las labores del campo, tanto como la complejidad fructuosa de una trampa polifónica. La diversidad imaginativa con que Tamayo suele matizar está en relación directa con el concepto y la utilización de las intensidades como parte medular del discurso musical, tanto como sus granulaciones características, análogas a sonoridades percutidas (en algunos casos de evidente origen prehispánico)”.

El flautista, 1944.
El flautista, 1944.

 

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