LA RUTA DE LAS ESPECIAS

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Durante la encrucijada del comercio terrestre desde la India y el marítimo desde el Mediterráneo, las especias desempeñaron una función muy importante en el comercio fenicio.

Los fenicios eran expertos mercaderes y unos buenos navegantes, tanto que a finales del siglo XIV antes de Cristo, a las especias se les denominaba “mercancías fenicias”. Estos hábiles intermediarios sabían cómo ofrecer sus servicios tanto a reyes como a faraones para ampliar así sus lugares de aprovisionamiento y probablemente abrirse camino hacia la India.

De esa apasionante historia se sabe que en 1453 a.C. se llevaron a cabo las primeras Olimpiadas en Grecia, premiando a los campeones con coronas de laurel y perejil. Alrededor del año 400 a.C., Hipócrates, el médico griego, elaboró una lista de más de 400 medicinas hechas a base de hierbas y especias, de las cuales la mitad se utiliza aún en la actualidad.

Una extensa área de comercio conocida como “la Ruta Dorada de Samarkand” se desarrolló uniendo los desiertos de Asia del Sur con los de Medio Oriente. Por centurias, los árabes controlaron esta ruta haciendo fortunas con ellas, comerciando con productos locales de África y especias del lejano Oriente. Caravanas de beduinos montados en camellos seguían esta ruta transportando los productos a tierras lejanas en donde los vendían.

Conforme su imperio crecía en dominancia, los romanos comenzaron a navegar de Egipto hacia la India para comerciar con las especias. Se necesitaba de un dificultoso viaje de más de dos años a través del Océano Índico para conseguir pimienta, canela, nuez moscada, clavo de olor y jengibre.

En el transcurso de los primeros cien años, un mercader griego llamado Hippalus notificó el cambio de los vientos monzones en los periodos de abril a octubre en dirección sudoeste y de octubre a abril en dirección noreste. Con esto los comerciantes comenzaron a tomar ventaja, ya que redujeron el tiempo de los viajes a sólo un año.

La palabraespecia, con su sentido actual, apareció a finalesdel siglo XILa palabra latina original species designaba a una gran variedad de productos, el trigo entre ellos, por eso se añadió la palabra aromática para distinguir a los condimentos

Durante los tiempos romanos, las especias únicamente estaban disponibles para las clases adineradas, quienes las valoraban con el mismo rango del oro. En el año 65 a.C., en una fiesta de honor, los romanos quemaron toda su reserva de canela de un año por los funerales de la esposa de Nerón. El Imperio Romano, cuyas fronteras se extendían progresivamente de un lado al otro del Mediterráneo, no podía ignorar el poder cautivador de las especias. La mismísima Cleopatra utilizó una comida “muy estimulante” para seducir a César. También es sabido que en las calles de Roma se esparcían grandes cantidades de azafrán para celebrar la entrada de Nerón en la ciudad. Así, las especias eran un símbolo de estatus social.

Los conocidos excesos del consumo de comida de la Roma antigua eran evidentes en la diversidad de condimentos que se utilizaban en la preparación de los alimentos de los ricos, aunque, en realidad, las cantidades que se usaban eran normales. De todas ellas, la pimienta, la especia romana por antonomasia, estaba tan omnipresente en las mesas como el garum (salsa a base de pescado).

Cuando los Godos tomaron Roma en el año 410, su líder, Alarico I, demandó 15,000 kilogramos de granos de pimienta junto con joyas, seda y oro. La razón de ello fue el precio de la especia, pues también se utilizaba como medio de comercio en Europa, si bien perdió su precio después de la caída del Imperio Romano.

Es probable que el uso de las especias en Roma se dirigiera a la gastronomía, pero no es hasta la Edad Media que se puede hablar de una verdadera incorporación de las especias en los recetarios de cocina. No sólo tomaron una posición importante en los fogones, sino también en la economía, en la que tuvieron una intervención preponderante.

Debido a que la cultura europea se desarrolló en la Edad Media, la demanda por las especias fue la llave de la expansión en el comercio mundial. Muchas de las más valoradas provenían de China, India y las islas Indonesias, incluyendo las Molucas. Los europeos no sólo se limitaron a comercializar directamente con estas culturas orientales, sino también a explorar nuevos mundos en su conquista por las exclusivas rutas de las especias. A partir del siglo X, las Cruzadas dieron lugar a su redescubrimiento; estos condimentos regresaron con fuerza a las mesas de las cortes europeas más importantes y poderosas.

Traídas a la cuenca mediterránea por los barcos italianos, la “riqueza de Oriente” se vendía posteriormente en las ferias de Champagne para proveer a los países del norte de Europa. Los mercaderes italianos las traían cruzando los Alpes hasta los mercados de Lyon y también a través de los puertos de Marsella y Aigües-Mortes (cerca de Montpellier). En aquella época, los vinos con especias, italianos y españoles, eran muy populares.

Tal era el valor de las especias, que en citas del Antiguo Testamento se las menciona junto al oro y las joyas en regalos de reyes

Como ya se dijo, había ciertas especias cuyo valor era tal que una de ellas se convirtió en moneda de cambio: la pimienta. En los tribunales, los litigantes sobornaban a los jueces con ésta.

Como si se tratase de un prototipo de almendras garapiñadas, algunas especias se cubrían con miel para hacerlas parecer dulces. Sus usos culinarios y medicinales se solapaban, pero a menudo los vendedores y los farmacéuticos trabajaban en la misma compañía.

La región que englobaba la Provenza y Marsella también participaba de este próspero comercio medieval. Antes de que pasara a formar parte del reino de Francia (1481), el puerto de Marsella permitía a las ciudades comerciantes italianas (en especial a Venecia) quedarse con la mayoría de los beneficios del monopolio que compartían con los árabes como proveedores de especias originarias de Alejandría, en Egipto. Entre las más preciadas, la pimienta negra, la pimienta alargada de Sumatra, el jengibre, el clavo, la canela, la nuez moscada y la galanga, las cuales en el mercado no tenían rival.

Marco Polo
Marco Polo

A finales del siglo XIII, la exploración de Marco Polo a Asia colocó como centro del comercio mundial a Venecia, siendo el puerto más próspero de Europa hasta el año 1498. En ese mismo tiempo, portugueses y españoles encontraban tan alto el precio de las especias, que comenzaron a explorar sus propias rutas hacia las tierras productoras.

El explorador portugués Vasco de Gama partió bordeando África y pasando por el Cabo de Buena Esperanza para encontrar Calcuta en la India. Retornó con pimienta, canela, jengibre, joyas y, lo más importante, negoció con los portugueses para continuar el comercio con los príncipes hindúes. Cruzó el Cabo de Buena Esperanza en 1497 y llegó a la India en 1498. Los mercaderes árabes se asombraron al ver a un portugués en las costas de la India y, ante su presencia, vieron como su monopolio se desmoronaba. “Buscamos cristianos y especias”, declaró el navegante. A partir de ese momento y durante los tres siglos posteriores, los holandeses y los ingleses se alternaron el control de esas rutas comerciales, apropiándose de territorios y construyendo parte de su riqueza colonial.

Vasco de Gama
Vasco de Gama

Por otro lado, en 1492, Cristóbal Colón se hizo a la mar para dirigirse al oeste y buscar oro y especias, esperando llegar a la costa de la India, donde se podían encontrar las valiosas mercancías. Así arribó a América, cuando en realidad no buscaba el descubrimiento de este continente, sino una ruta directa a la Isla de las Especias, y aunque no la encontró, retornó con vainilla y pimienta roja de las Indias
Occidentales.

Para hacer frente a sus deseos de conquista, España y Portugal, las potencias marítimas del sur de Europa, firmaron el Tratado de Tordesillas (1494), que dividía las conquistas oceánicas futuras en dos regiones, tomando como punto de referencia las islas de Cabo Verde. El control y aprovisionamiento del mercado de las especias eran los objetivos principales de portugueses y españoles de aquella época, que tenían como meta derrocar el monopolio de los árabes y venecianos en el Mediterráneo.

En el siglo XV a.C., en las primeras Olimpiadas en Grecia, a los campeones se les premiaba con coronas de laurel y perejil

Como ocurre con cualquier gran descubrimiento, la apertura hacia el sur de la ruta marítima de las especias no ocurrió por casualidad. Los navegantes y geógrafos portugueses trabajaron en ello más de medio siglo. Enrique el Navegante, que se animó a explorar la costa africana, fue el más famoso de todos ellos. Durante los siglos XV y XVI, muchas de las rutas que se abrieron en la época de los descubrimientos se debieron a la insaciable sed de Europa por controlar y abastecer los mercados de especias, tan cotizados en ese momento.

Así, en el siglo XVII, se comprueba que desde Colón hasta Vasco de Gama o Enrique el Navegante eso era lo que buscaban. Gracias a ellos, España y Portugal se convirtieron en los reyes de las especias, pero a principios del siglo XVII, Inglaterra y Holanda les robaron esa primacía y poco a poco su relevancia fue decreciendo.
Hay que destacar que conforme las clases medias crecían, durante el Renacimiento, la importancia de las especias también lo hacía. Así fue como se desarrolló un conflicto acerca de quién dominaría este próspero comercio. Sin embargo, las guerras sobre las islas indonesias rompieron la hegemonía entre las naciones europeas en expansión y tal situación continuó por alrededor de 200 años. Entre los siglos XV y XVII, España, Portugal, Inglaterra y Holanda lucharon por ese control.

 

enrique el navegante
Enrique el navegante
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