ESPECIAS más que condimentos

Rolando Baca Martínez

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Quizá no sea mucho su valor nutritivo ni tengan más utilidad que darle aroma u otro sabor a los alimentos, pero hubo un tiempo en que las especias marcaron el rumbo de las civilizaciones, pues motivaron hasta guerras por el control de las tierras que las producían y por la búsqueda de nuevos campos para su cultivo; además, impulsaron el descubrimiento de nuevos condimentos y la experimentación de otras alternativas en el arte de sazonar.

En la historia se relata que la sal fue el primer condimento que conoció la humanidad. Es tal su trascendencia histórica que la palabra salario, que hoy nos remite al pago periódico que se da o se recibe a cambio del trabajo, tiene su origen en la cantidad de sal que recibían los soldados del Imperio Romano como una gratificación adicional por sus servicios.

En la Biblia, concretamente en el Nuevo Testamento, se consigna que Cristo dijo que el género humano es la sal de la Tierra. Con ello se hacía la obligada comparación de la humanidad como ingrediente del Universo que se pone al final de una creación para darle sabor a todo el conjunto; pero también, como son las funciones de la sal, la parábola señala que a la humanidad le corresponde, asimismo, el papel de conservante y transformante de la materia. También refiere que en otra ocasión Cristo dijo que si el hombre tuviera la fe del tamaño de una semilla de mostaza —tan pequeña que es difícil de ver—, podría decirle a un árbol “¡Arráncate y plántate en el mar!” y éste lo haría.

Usando el mismo ejemplo de la mostaza, pero en sentido contrario, una sentencia del Corán señala que “el que tiene soberbia aun del tamaño de una semilla de mostaza, no entrará en el Paraíso”. Con esta comparación —bien se pudo haber dicho un grano de arena o una gota de rocío— queda de manifiesto la relevancia de los condimentos en nuestra vida, especialmente en el campo de la gastronomía.

Incluso nuestra habla cotidiana está llena de expresiones verbales referidas a las especias. Para dar un calificativo de insignificancia, una persona puede decir en un momento de enojo “¡Me importa un comino!” y en México decimos que alguien es el “ajonjolí de todos los moles” cuando su omnipresencia parece ineludible pero necesaria para ponerle sabor a los encuentros sociales.

Con esta edición, le damos la bienvenida al especial mundo de las especias.

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