JUVENTUD Y AVENTURA

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En 1569 Cervantes se encuentra en Roma. Es posible que hubiera abandonado Madrid perseguido por la justicia, pues en un documento de la época se ordena arrestar a un tal Miguel de Cervantes que ha sido condenado “a que con vergüenza pública le fuese cortada la mano derecha y destierro de nuestro reino por tiempo de diez años”, por haber herido a un tal Antonio de Sigura. Pese a que hay otras versiones, lo cierto es que, sin que se conozca siquiera el camino que siguió, estaba en Roma en 1569 y es probable que pasara por Barcelona, pues no se sabe de ninguna otra estancia del escritor en esa ciudad y debió conocerla: en ella se desarrollan las aventuras finales del Quijote. Durante menos de un año estuvo al servicio del cardenal Acquaviva; en el otoño de 1570, pasa a formar parte del ejército español.

Es justamente en ese momento cuando comienza la vida heroica —el sueño heroico— de Cervantes, que se prolonga cinco o seis años, periodo en el que conoce la vida libre del soldado y se ve como protagonista de notables sucesos. Durante ese tiempo, el autor recorre Italia, observa, seguramente lee, conoce y, finalmente, se empapa de la cultura renacentista abrevando en su fuente más directa. También su hermano Rodrigo se suma al ejército. Desde ese momento habría de compartir con él sus mejores y peores vivencias.

Ante la amenaza turca, el domingo 7 de octubre tuvo lugar la batalla del Golfo de Lepanto con el triunfo de la Armada de la Santa Liga a las órdenes de don Juan de Austria. Cervantes, quien viajaba en la galera Marquesa, cayó enfermo. Aunque su capitán lo eximió de participar en combate, él se negó y defendió el esquife de la nave. En el fragor de la batalla recibió dos arcabuzazos en el pecho y otro en la mano izquierda, a consecuencia de esto quedó gravemente herido. De ahí el nombre que le daría la posteridad: “El manco de Lepanto”. En el prólogo a las Novelas ejemplares, recuerda a Lepanto. También en el “Discurso de las armas y de las letras”, incluido en la parte I del Quijote, sin referirse a hechos concretos, elogia el oficio de las armas, al que sitúa incluso por encima del de las letras. El sueño heroico, juvenil, no muere nunca en el corazón del escritor. Cervantes fue ingresado en el hospital de Mesina, gravemente herido. Ahí permaneció cerca de un año.

Después de su recuperación, tomó parte en las acciones militares llevadas a cabo, en 1572 y 1573, por don Juan de Austria en Navarino, Corfú y Túnez. Marcado por sus años de estancia en Italia, donde transcurrieron varias de su novelas (El curioso impertinente, El licenciado Vidriera, Persiles y Segismunda), conserva un especial recuerdo de los meses vividos en Nápoles. Se supone que allí formó parte de varios círculos literarios.

Durante los años que el autor permaneció en Italia, en plena juventud, fueron muchas las cosas, ciudades, hábitos, costumbres, que quedaron para siempre en su recuerdo y habrían de pasar muchos años después a parte de su obra. Era ya un aprendiz de escritor cuando vivió en Italia. A la admiración por el país centro del Renacimiento, se añadió su interés por los hombres de letras y por cuanto sobre el arte de escribir se supiese. Para Cervantes, como para todos los escritores de su época, arte quería decir sobre todo “reglas”, algo que había que aprender, que se conseguía con el estudio y el esfuerzo y esas “reglas” eran las aristotélicas, por lo que el conocimiento de la Poética, directa o indirectamente, era fundamental.

En este sentido, no hay duda que la teoría de la prosa novelística en Cervantes es predominantemente aristotélica, lo cual se aprecia en su producción en prosa; entre lo más importante está la relación entre historia y poesía o, lo que es lo mismo, verdad particular y verdad universal; el problema de la verosimilitud -motivo central del rechazo de los libros de caballería-; y el fin didáctico de las obras de ficción, o sea, el conocido “deleitar aprovechando”.

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