MÚSICA EN LA ERA DE SHAKESPEARE & CERVANTES

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El madrigalismo fue una fructífera escuela renacentista que surgió en el momento adecuado para un autor como Shakespeare. El madrigal originalmente era una composición para tres a seis voces, en especial a capella. Tuvo la virtud de crear una técnica que podía expresar complejos significados como risas o suspiros, manejando notas rápidas o creando tonos descendentes para dar la idea de lo que se conoció también como “pintura de palabras”. Aunque los principales representantes del género son italianos, Claudio Monteverdi y Carlo Gesualdo –siendo el primero quien llevó a la perfección este estilo, integrando nuevas instrumentaciones y temáticas–, hubo varias escuelas nacionales que permitieron la abundancia de estas composiciones y que se clasifican como madrigales medievales, antiguos, renacentistas, tardíos, prebarrocos instrumentales y, en especial, ingleses y españoles.

Los ingleses fueron cultivados por William Byrd, John Dowland, Orlando Gibbons, y Thomas Morley (1557/1558-1602), que innovó, haciendo que sonaran como música para ballet, o sea, con una temática instrumental que era desarrollada para un fin específico. Algo que tomó en cuenta Robert Johnson (c. 1583-1633), compositor que estuvo al servicio del teatro y que es reconocido como el principal intérprete de laúd de la época. Compuso algunas piezas para voz y laúd para La tempestad, Cimbelino, y el texto perdido de Cardenio. También para otras obras de Shakespeare, piezas que no llevaban letra pero creaban un ambiente con su estilo instrumental. Asimismo, trabajó en obras de Ben Jonson, Francis Beaumont y John Fletcher. Empleado de la corte al servicio de Isabel I es, junto con su maestro Morley, autor de los pocos sets de música exclusivos para obras de Shakespeare que han sobrevivido a nuestros días.

A su vez, la escuela española fue fructífera: tuvo notables representantes. El género aquí afirmó sus bases polifónicas, con énfasis en lo vocal y composiciones de versos refinados, tanto de lenguaje como de contenido. Durante el reinado de  Carlos V los músicos más importantes que promovió la corte fueron precisamente españoles.

Destacaron entre otros Juan del Encina, Mateo Flecha, y especialmente Antonio de Cabezón (1500-1566), Cristóbal de Morales (1500-1553) y Tomás Luis de Victoria (c. 1548-1611), quien por sus habilidades musicales fue apoyado por Felipe II para ser tutelo de G. P. da Palestrina en el Colegio Germánico de Roma, donde perfeccionó su polifonía. Creó efectos con disonancias y melodías que generan enorme dramatismo.

Históricamente el primer libro de madrigales, de Philippe Verdelot (c. 1475-1552) se publicó en 1533 en Venecia. Lo cierto es que estaban presentes en muchas partes de Europa desde el siglo XII. Su evolución, hacia una música en la que caben con amplitud diversidad de composiciones, sucedió a principios del siglo XIV en Italia.

La riqueza del madrigal permitió que la música evolucionara. Años después surgieron composiciones inspiradas en Don Quijote, que asumieron diversas formas, todas representantes de esa evolución. Ejemplo de ello son las óperas The comical History of Don Quixote (1695) de Henry Purcell; Don Chisciotte (1770) de Niccolò Piccinni; Don Chisciotte alle nozze di Gamace (1771) de Antonio Salieri. Por su parte, el valenciano Vicente Martín y Soler, con libreto del mozartiano Lorenzo Da Ponte, escribió La capricciosa corretta (1795), ópera inspirada en La fierecilla domada.

La influencia tanto de Cervantes como de Shakespeare se hizo sentir en el ámbito musical desde sus épocas. En la actualidad aún inspiran: el compositor e intérprete Rufus Wainwright (*1973), formado en la música popular, se ha convertido en autor serio con su ópera breve, Prima Donna (2009). Para celebrar este 400 aniversario luctuoso de Shakespeare, musicalizó varios sonetos y recitó otros con actores y músicos invitados en Take all my loves: 9 Shakespeare sonnets (2016), álbum publicado por la prestigiosa Deutsche Grammophon.

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