Tatuajes: Historia y variedad

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Técnica tradicional del tatuaje tribal polinesio.

Desde hace miles de años, los seres humanos han decorado sus cuerpos con pintura, tatuajes, escarificaciones y perforaciones que ostentan como símbolos religiosos, guerreros, rituales, o como simple adorno para aumentar, según la cultura a la que pertenezcan, su atractivo sexual.

Aunque se ignora cómo fue descubierto y cómo comenzó a aplicarse el proceso de tatuar, se conocen ejemplos de éste que han llegado a nosotros a través de momias. Sobresale la de Oetzi, un hombre, posible chamán de la era neolítica, cuyos restos muy bien conservados se hallaron en 1991 entre los hielos eternos del Tirol. Antes que fuera descubierta la momia de este chamán-cazador, la persona tatuada más antigua que se conocía era la sacerdotisa egipcia Amunet, adoradora de Hathor, diosa del amor y la fertilidad, quien vivió en Tebas alrededor del año 2000 a.C. La piel de ambas momias está decorada con diseños simples, a base de patrones de puntos y rayas.

El término “tatuaje”, con cierta variación en la pronunciación y deletreo (tatouage en francés, tatuaggio en italiano, tattoing o su mejor conocida contracción tattoo en inglés; tattowierer en alemán y tatuagem en portugués), ha sido adoptado en cada lengua europea. La palabra polinesia fue llevada a Europa por el capitán Cook, al regreso de su primer viaje (éstos fueron realizados entre 1766 y 1769) a los mares del sur, cuando navegó alrededor de las costas de Nueva Zelanda y Tahití. El capitán Cook describió sobre dicha práctica.

“Manchan sus cuerpos pinchando la piel con los instrumentos pequeños hechos del hueso, que estampan o mezclan el humo de una tuera (planta coloquíntida) aceitosa […] En esta operación, que es llamada por los naturales “tattaw”, las hojas dejan una marca indeleble en la piel. Se realiza generalmente cuando tienen cerca de diez o doce años de la edad, y en diversas partes del cuerpo”.

—James Cook—

Itinerario tatuado

En un principio, la utilización del tatuaje estuvo vinculada de manera estrecha con el pensamiento mágico-religioso y la creencia en la vida ultraterrena, aunque, de manera simultánea, y con diferentes modalidades, también era usado para imprimir en los rostros y cuerpos de los guerreros un aspecto feroz que impresionara y asustara a los enemigos en los campos de batalla. Hacia el año 2000 a.C., el arte del tatuaje se había extendido a través de Asia meridional hasta llegar a China, al sur del río Yangtzé Kiang. Pero donde alcanzó una gran importancia fue en Japón, donde el pintar sobre la piel llegó a ser considerado como un arte divino y de ahí el detallado preciosismo de sus elaborados motivos.

Se sabe que en 450 a.C. comenzó una migración que salió de la Polinesia y se extendió hacia muchas de las islas del océano Pacífico. Los antiguos polinesios y sus descendientes enseñaron la técnica del tatuaje a los habitantes de Nueva Zelanda, donde se perfeccionó y se desarrolló un nuevo estilo llamado Moko, en el cual se fusionaron y sintetizaron diversos patrones asociados con los rituales y la creencia religiosa en el poder del tatuaje.

Respecto a las tierras europeas, los invasores nórdicos llevaron la costumbre de tatuarse a las islas británicas. Era el orgullo de estos guerreros, que portaban diseños complejos y artísticos; símbolos tribales de sus familias sobre la piel. Hoy en día, rastros de esta costumbre sobreviven entre algunas familias aristocráticas, en particular las pertenecientes a antiguos clanes escoceses.

Es curioso ver cómo, aunque después proscribió el tatuaje, incluso la Iglesia católica, en los siglos XVII y XVIII, animó a sus miembros a tatuarse. En la actualidad algunos sacerdotes han seguido aquella costumbre, de manera que los diseños religiosos tatuados en el antebrazo o el pecho son considerados tradicionales entre los católicos eurasiáticos y de diversos pueblos búlgaros.

Por supuesto que los antiguos piratas también se tatuaban, en su caso como signo de pertenencia a un grupo y como ostentación de valentía y rudeza. No usaban técnicas parecidas a las actuales, sino que punzaban sus carnes y luego cubrían el contorno del dibujo con pólvora. Después la quemaban. Las partículas resultantes de la explosión que se incrustaban en la piel formaban el resultado final: un diseño en color negruzco azuloso que comenzaba a lucir al sanar la quemadura. Era esto algo muy parecido a lo que suelen hacer los prisioneros de las cárceles, que en sus larguísimos ratos de ocio forzado llegan a cortarse con cualquier objeto y usan como pigmento hasta la tinta de bolígrafos. El tatuaje se identifica, aun hoy día, entre algunos sectores de las sociedades tanto occidentales como orientales como símbolo de la malvivencia, dado que fue muy practicado entre los marineros, trabajadores de la clase baja, delincuentes y convictos durante la primera parte del siglo XIX. Los miembros de las clases media y alta lo consideraban por debajo de su dignidad.

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