Tatuajes: Tradición mundial

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En el antiguo Egipto la práctica de esta decoración corporal estaba relacionada con el lado erótico, emocional y sensual de la vida; en aquel tiempo los diseños eran lineales, gruesos y de color negro, semejantes a los diseños “tribales” (se llama así, en la jerga del oficio, a las interpretaciones contemporáneas de diseños étnicos) de la actualidad. Se cree que el proceso del tatuaje era mucho más elaborado que en la actualidad, pues hacerse uno constituía todo un ritual y suponía que el individuo iba a recibirlo tenía que prepararse mental y espiritualmente, así como demostrar valentía y madurez.

También el tatuaje que practicaron las culturas incaicas estuvo caracterizado por diseños gruesos y abstractos, parecidos a los tribales actuales. En muchas culturas americanas las figuras de animales fueron frecuentes y estuvieron asociadas tradicionalmente con la magia, los tótems y el deseo de la persona tatuada de identificarse con el espíritu del animal que llevaba sobre su piel.

Aunque grupos como los aztecas y los hopis no lo usaban de manera generalizada —en América del Norte se asoció con prácticas religiosas y mágicas—; era parte del rito simbólico del pasaje a la pubertad y una marca única que permitiría que el alma superara los obstáculos en su camino a la muerte. Además muchas tribus practicaban el tatuaje terapéutico, que se aplicaba durante una compleja ceremonia acompañada por canciones y danzas, mediante las cuales se suponía que quedaban exorcizados los espíritus malignos.

Mención aparte merecen los guerreros mayas, quienes se pintaban la cara y el cuerpo con varios colores, para espantar a sus enemigos. De igual forma se grababan en el cuerpo figuras de animales y eran considerados tanto más valientes cuanto más marcas ostentaban, incluso se dice que se burlaban de los que no las tenían. Un guerrero joven comenzaba con una o dos figuras, y por cada nueva víctima que hacía en la guerra, solicitaba a sus superiores un nuevo dibujo. Por su parte las mujeres de esta cultura se tatuaban el cuerpo hasta la cintura, a excepción de los senos y la cara, pero a la gente del pueblo no se le permitía hacerlo.

Respecto a los nativos de América Central, éstos plasmaban en sus cuerpos las imágenes de sus dioses y los guerreros conmemoraban sus victorias en batalla por medio de dibujos alusivos. Por desgracia, los únicos registros precolombinos al respecto se encuentran sólo en esculturas, donde los tatuajes son representados por líneas grabadas en los cuerpos de figuras humanas.

En América del Sur, además de los incas, que se tatuaban la cara y el cuerpo, los indígenas del Mato Grosso, Amazonia, Paraguay, Uruguay también optaban por otras decoraciones corporales como por ejemplo: la pintura, la deformación intencional de la cabeza (de la misma manera que lo hacían los mayas), las perforaciones de orejas y fosas nasales, así como la depilación.

Algunas de las características de entre estos grupos étnicos son las siguientes: Los tobas-pilagáes de Formosa, Chaco y Santa Fe, además de tatuarse, se pintaban una raya negra de oreja a oreja, pasando por el labio superior, para asustar al enemigo. Los mepenes o avipones, de la misma zona, se ponían cruces en la frente o mejillas y líneas desde los ojos a las orejas, además sobre la nariz, el pecho o los brazos. Para ello se pinchaban con una espina muy aguda, ennegreciendo luego la herida con cenizas calientes para que las marcas resultaran indelebles. Estos aborígenes fueron llamados “frentones” por los conquistadores españoles, debido a que se depilaban cabeza, cejas y pestañas. Entre los guaraníes del Litoral, las mujeres se tatuaban en el rostro determinado tipo de líneas que indicaban que eran vírgenes o núbiles. Los matacos de Formosa y el Chaco Salteño, se tatuaban con diseños geométricos y se pintaban la cara como manifestación de su estado afectivo; para ellos el negro era duelo, el rojo alegría y el blanco, pie de guerra.

Los primeros tatuajes cumplieron una doble función: expresar el pensamiento mágico-religioso y dar un aspecto feroz que impresionara y asustara a los enemigos

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