Tribus urbanas

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En 1976, el movimiento punk escandalizó a la puritana Inglaterra. Además de su ideología, impresiona su aspecto: llevan ropa rota o manchada y modifican sus cuerpos ostensiblemente: usan peinados  en forma de cresta o cuernos, usan maquillaje estrambótico y se adornan con cadenas; utilizan el tatuaje de forma indiscriminada, cubriendo la totalidad de los brazos o lugares inusitados (rostro, cuello, cráneo); reintroducen, empleando para ello objetos “urbanos” (alfileres de seguridad, clavos, anillos de diversos materiales), las perforaciones corporales propias de civilizaciones primitivas;  incluso acuden a las autolaceraciones. Gracias a ese cuerpo transgresor, el punk es convertido por los medios de comunicación que ellos execran, en un símbolo de decadencia.

Treinta años después, las usanzas punks son un elemento de la moda. Modelos famosas, deportistas campeones, estrellas de la canción y del espectáculo  rivalizan en cuanto a la originalidad de sus tatuajes y piercings. En los países industrializados, los adolescentes exhiben ombligos adornados y joyas en la lengua, cejas, pezones y ombligos, pretendiendo con ello ser “modernos”, ignorando quizá que sólo conjugan técnicas tradicionales de modificación del cuerpo empleadas por culturas no occidentales con fines religiosos, estéticos o de identidad. La tribu tradicional es ahora urbana. De manera paradójica, occidente retoma como signo de alta civilización lo que en tiempos pasados consideró como rasgo de “salvajismo”, incluyendo las automutilaciones, las marcas a fuego, las cicatrices, el estiramiento de orejas y labios, los implantes transdérmicos (inserción de cuerpos extraños bajo la piel).

En esta última vertiente, opinan los especialistas, las tribus urbanas y sus costumbres podrían constituir algo así como la cristalización de tensiones, encrucijadas y ansiedades por las que atraviesan los jóvenes contemporáneos. Son la expresión de una crisis de sentido de la vida a la cual la modernidad ha arrojado a los seres humanos, pero también constituyen la manifestación de una disidencia cultural o una “resistencia” ante una sociedad desencantada por la globalización, la masificación y la inercia que caracteriza la vida en las urbes hipertrofiadas de fin de milenio, donde todo parece correr en función del éxito personal y el consumismo alienante.

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Frente a dicho proceso, las tribus urbanas se constituyen, para muchos, en la única instancia para “sentirse vivos” a través de intensificar las experiencias e insertarse en la afectividad colectiva, establecer contacto humano pero, sobre todo, para encontrar una manera alternativa (ya que la “normal” les es negada por la sociedad misma y las circunstancias que a su alrededor ha creado) de construir identidad y de potenciar una imagen social. Los punks y los skins son las tribus paradigmáticas que reflejan las características de este tipo de agrupaciones; para transgredir las reglas instituidas por la sociedad, los modernos tribales se apropian de toda una variedad de símbolos y “máscaras”, de conductas irreverentes y extremas con las cuales gritan su actitud de resistencia ante una sociedad cuyas normas rechazan. De allí que, como acto de protesta, de provocación o tan solo para “marcar la diferencia”, acudan a las diferentes maneras de alterar su apariencia corporal.

Algunos de los adeptos a estas modificaciones del cuerpo sostienen que el hecho de soportar de manera voluntaria las pruebas corporales a que se sometían las sociedades primitivas permitiría  revivir una suerte de experiencia de iniciación olvidada por las sociedades industriales, recuperar una suerte de pureza original. Pero estas corrientes son muy minoritarias entre los millones de adeptos de la ornamentación corporal. En su inmensa mayoría, éstos responden sólo al afán de ser reconocidos por los demás y, acaso, al deseo de impugnar las normas y los valores establecidos, estandarte de las tribus urbanas. Estos “clanes” (góticos, punk, darketos, skinheads o neonazis, raperos, grafiteros, hip-hoperos, skatos, entre otros) son pandillas o grupos, sobre todo de jóvenes, que se reúnen en torno a modas, intereses, filosofías y lugares comunes. Por lo general, cada una tiene música y vestimenta que la caracteriza. Tienen también un denominador común: la rebeldía y la marginación social.

Los punks buscan agredir desde su apariencia a la sociedad que los restringe y rechaza; de ahí sus peinados,  maquillaje estrambótico,  estoperoles,  tatuajes y piercings

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