Body art

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De manera paradójica, aunque muchas de estos grupos reprueban a la sociedad de consumo, sus usos se han vuelto moda y se han sumado a ella. Lo que al principio fueron manifestaciones marginales, ahora se han difundido e incluso han generado movimientos como el del body art (arte en el cuerpo o con el cuerpo) que, con diferentes denominaciones, existe en todas las grandes ciudades del mundo.

Esta corriente ha trascendido el tatuaje o las simples perforaciones e incluye el hacerse cicatrices con bisturí (escarificaciones), dilatarse orificios en las orejas o labios, meterse trozos de acero y objetos de plástico bajo la piel, marcarse con hierros al rojo vivo (brandings) y hasta colgarse de ganchos cual si de reses se tratase, o practicar sangrientas mutilaciones: para muchos, es “arte” llevar el cuerpo humano a los límites de lo racional. Por ejemplo, partirse la lengua (y hasta el pene) para hacerla bífida o insertarse cuernos. Incluso hay quienes se han deformado intencionalmente el cráneo, las manos, los brazos y los pies.

El body art comenzó en la década de 1970, cuando “artistas” como Herman Nitsch y Gunter Bruss presentaban espectáculos de automutilación, utilizando incluso como recurso el sacrificio público de animales. Por aquella época, Cris Burden se crucificó en el techo de su auto y Bob Flannagan, conocido sadomasoquista del ambiente porno, murió durante una de sus funciones que incluía el corte y posterior clavado de sus genitales en un pedazo de madera. Se ha caído en extremos grotescos y destructivos: desde hace más de una década, el sudafricano Bruce Louden, se ha venido cortando partes de su cuerpo, las cuales desparrama por galerías de todo el mundo. Su actuación más audaz fue en Durban, Inglaterra, y consistió en cortarse la lengua (que luego fue exhibida en el Independent Art Space de Londres y en la London Gallery en la primavera de 1996), y documentar la escena en una película.

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