“Lo más profundo del hombre es su piel”

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“Lo más  profundo del hombre es su piel”  Paul Valéry

En el aspecto y la coloración del rostro suele reflejarse la buena o mala salud; depresión, agitación, cansancio o excitación pueden también identificarse con palideces, enrojecimientos, manchas, pero ¿podrá descifrarse a una persona mediante la lectura de los dibujos que existan en su piel?

Usarla como lienzo para pintar o grabar marcas tribales, sentimentales o religiosas, ha sido una constante desde la Antigüedad. El hombre, al buscar formas de expresión para mostrar lo que es o pretende ser, rasga su propia piel convirtiéndola en un documento que manifiesta creencias, compromisos, lazos que pretenden ser indisolubles.
Existen rastros de esta práctica desde el Neolítico en Egipto, Nueva Zelanda y Japón, donde también se tornó refinada costumbre de la nobleza al ser usados como adorno por los emperadores. También ha oscilado entre la moda de altas esferas hasta código secreto de sectas, cofradías, bandas delictivas y grupos determinados. Llegó a Europa con los invasores nórdicos, de donde fue erradicada por el cristianismo que, sin embargo, la utilizó en los siglos XVII y XVIII con diseños religiosos. Arma de guerra para asustar al enemigo, talismán para prevenir enfermedades, símbolo tribal, mágico, de pertenencia, señal de triunfo, sistema de identificación, sinónimo de rebeldía, extravagancia de adinerados, entre tantas otras funciones, actualmente su técnica ha evolucionado y en los diseños se llegan a encontrar verdaderas obras de arte. Los invitamos a un recorrido por el mundo del tatuaje.

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