Las incógnitas de Eros

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Justo en la entrada al Tercer Milenio, el concepto de la palabra AMOR vuelve a cobrar importancia, debido quizá a la ausencia de valores significativos a su alrededor. Con esta edición hacemos una breve pausa acerca de lo que el siglo XII heredó a la humanidad al concederle la gracia del Amor Cortés y lo que envolvió literariamente el concepto amatorio de la pareja: “Mi vida en prenda… por mi Dios, por mi Rey y por mi Dama.”

La imaginaria medieval se envolvió en los cantos de juglares y trovadores que atravesando ríos, valles y montañas, entonaban en las plazas de cada feudo para enaltecer el valor del amor caballeresco.

Gabriela Onetto nos conduce por el sendero de los autores clásicos medievales y las parejas de novela, aunque debemos destacar la persistencia de la Antigüedad clásica en la literatura de la Edad Media, escrita por autores cultivados, más bien como una nota positiva y constante que ha de tenerse presente, para desterrar el tópico romántico que confinó a las “tinieblas” al medievo. Pues no exageramos al asegurar que el escritor medieval conocía a los latinos clásicos en proporción poco menor de lo que creían conocerlos los humanistas del Cuatroccento. Pues ocurre que estos últimos los leyeron con una intención muy diferente a sus antecesores.

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