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La legendaria espía Mata Hari, nombre que en idioma malasio significa “ojo del día”, o simplemente “sol”, fue bautizada como Margaretha Geertruida Zelle en 1876, y ejecutada el 15 de octubre de 1917, durante la Primera Guerra Mundial, acusada de ser agente doble que lo mismo trabajaba para Francia que para  Alemania

Se le acusó de la muerte de miles de soldados, con pruebas demasiado dudosas basadas en mentiras. En ese sentido fue una víctima de esos “hechos alternativos” ahora en boga.

La vida de Mata Hari fue todo menos lo glamorosa que se quiso pintar. Huérfana de madre a temprana edad, quedó bajo cuidado de su padre, quien sin duda la consintió. A los 18 años se casó con un militar de mucha más edad que ella al que apenas conocía, Rudolph MacLeod, y con quien se mudó a Java. Ahí tuvo dos hijos, Norman y Jeanne. Norman aparentemente fue envenenado por un sirviente en venganza por los malos tratos que recibía de Rudolph. De regreso a Europa, éste se divorció de Margaretha, ganándole también la custodia de Jeanne; la acusó de haberse convertido en libertina.

En París probó suerte en varios trabajos. Obtuvo éxito sólo como bailarina exótica de strip tease al inventarse que era una princesa de Java. Su espectáculo se convirtió en un éxito; la llevó a relacionarse, aquí sí como cortesana, con funcionarios, políticos y militares, lo que sirvió para acusarla de espionaje. Lo cierto es que esta acusación se sostuvo sobre la declaración de un joven oficial ruso que dijo que por amor a ella espiaba para Francia al embajador alemán, y luego ella distribuía la información por medio de un complejo sistema de criptografía, utilizando notas musicales (que pasó a llamarse Cifrado Mata Hari). Antes que espiar, lo que buscaba era obtener recursos suficientes para mantener el lujoso tren de vida que se daba. Un telegrama enviado por Alemania para Mata Hari, una trampa, fue suficiente para considerar su ejecución. Fue usada, pues, como chivo expiatorio. Ella sinceramente esperó que sus amantes en las altas esferas la indultaran. Los soldados que la ejecutaron lo hicieron con los ojos vendados para no “sucumbir a sus encantos”. Su hija murió dos años más tarde de una afección cardiaca mientras esperaba viajar a Java.

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MATA HARI, LOS FILMS Y ALGO MÁS

Screen Shot 2017-05-04 at 10.30.30 AMDe lo que no podrá quejarse nunca Mata Hari es de su paso al cine. Inspiró varias cintas que arrojan agradable luz sobre su persona. La primera fue Mata Hari (1931, George Fitzmaurice), donde la interpreta Greta Garbo. En esta versión la mayoría de los hechos son falsos, pero cuenta cómo la exótica bailarina seduce en París a militares rusos para apropiarse de diversos documentos que venderá a los alemanes. Luego, Jeanne Moreau la interpretó para Mata Hari, agente H. 21 (1964, Jean-Louis Richard), resumen bastante novelesco de lo realmente sucedido en su vida. Tiene como curiosidad que el célebre director francés François Truffaut fue uno de los guionistas (bajo el discreto “F. Truffaut”). Más tarde, la holandesa Sylvia Kristel le dio vida con escasa ropa y más intriga en Mata Hari (1985, Curtis Harrington). Aquí se cuenta su vida como bailarina y cómo, de gira por Alemania en 1914, es reclutada por los servicios de inteligencia alemanes cuando un oficial francés es asesinado mientras la acompañaba en el tren donde llegó a Berlín. Usa su cuerpo, siempre generosamente expuesto, para obtener información clasificada que comercia con ambos bandos hasta que su suerte se acaba.

Tuvo, además, dos series de televisión. En 1981 la interpretó la también holandesa Josine van Dalsum. Aquí su vida aparece en retrospectiva: arrestada por espionaje y traición, durante el interrogatorio detalla su infancia, su matrimonio en Indonesia y sus actos de espionaje. La otra serie fue una superproducción financiada por Rusia y Portugal, con reparto internacional: los franceses Gerard Depardieu y Christophe Lambert, el alemán Rutger Hauer, el estadounidense John Corbett y la francesa Vahina Giocante en el papel principal. Aquí la historia se reduce a simplemente contar cómo un símbolo sexual se vuelve espía durante la Primera Guerra Mundial. Por último, en el terreno literario le ha ido bien. Se le han dedicado innumerables biografías, destacando la de Pat Shipman, Mata Hari: espía, víctima, mito; inspiró también bastantes novelas, sobresaliendo la de Guido da Verona, La danza delante de la guillotina; La novela de Mata Hari de A. Bermejo de la Rica; Mata Hari, ¡inocente! de Russell Warren Howe, y recientemente La espía, del célebre Paulo Cohelo. Toda una reivindicación cultural de sus trágicos vida y destino.

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