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La guerra de Vietnam comenzó el primero de noviembre de 1955 y concluyó el 30 de abril de 1975. En 1967, sin embargo, entró en una nueva fase ante el envío de 500 mil efectivos militares estadounidenses. Ese año también se desveló la constante del conflicto: no había un líder principal

El enemigo era “elusivo”, término frecuente en los reportes de inteligencia que recibió primero la administración de Lyndon B. Johnson y luego la de Richard Nixon. Ese 1967 cambió la dinámica de la guerra. Para peor. Vietnam acabó con la confianza de la superioridad bélica de EU y con la idea de que podían intervenir donde fuera, cuando fuera y como fuera.

Uno de los motivos por los que supuestamente se asesinó al presidente Kennedy fue esta guerra, perdida de antemano. Según una teoría, precisamente la del film JFK, Kennedy no deseaba involucrarse en Vietnam pero los intereses del complejo militar-industrial, sí. Por ello, una vez que Johnson juró como presidente, se atacó el país asiático, en conflicto desde que el presidente Ho Chi Minh (1890-1969) declaró a la antigua Indochina nación independiente, como República Comunista de Vietnam, el 2 de septiembre de 1945.

¿Cómo se organizó la resistencia militar en un país que aparentemente sería sometido con facilidad por la considerada mayor potencia militar del orbe? Con una guerra de guerrillas que consistía en atacar y desaparecer de inmediato.

A medio siglo de la escalada bélica en Vietnam, que costó innumerables bajas a las fuerzas estadounidenses, surge información desclasificada por Vietnam que arroja luz sobre quién tuvo el control, desde el lado vietnamita, frente a la eterna confusión de EU.

Como propaganda se difundió que las decisiones se tomaban colectivamente y que por lo mismo no había un líder. Estrategia para proteger a Ho Chi Minh, sin duda, pero también para imponer la idea de que al ser muchos, sería imposible rastrearlos a todos y asesinarlos, lo que se consideró para someter a la naciente nación comunista.

La inteligencia estadounidense especuló que el liderazgo se repartía entre los once miembros del Politburó (o Bo Chinh Tri) del Partido Vietnamita de los Trabajadores; que la resistencia organizada por Hanoi no estaba sólo en manos de Ho Chi Minh, sino también en las de Vo Nguyen Giap, general que enfrentó en su momento a las fuerzas francesas; que el primer ministro Pham Van Dong, representante de Vietnam en las pláticas de Ginebra en 1954, también dirigía la resistencia militar.

Según información publicada en febrero de 2017 en el New York Times firmada por el profesor de historia de la Universidad de Columbia Lien-Hang Nguyen, autor del libro Tet 1968: the Battle that Changed the Vietnam War and the Global Cold War, sólo un líder dirigió la resistencia en Hanoi y su posterior campaña para vencer y expulsar a EU de suelo vietnamita; un modesto militante, de orígenes humildes, que obtuvo, como secretario general, control férreo del partido a fines de los 1950 y hasta su muerte en 1986.

El discreto personaje que venció al “ejército más poderoso del mundo” fue Le Duan, nombre que adoptó este  líder nacido en 1907 como Le Van Nhuan. Testigo de cómo su país se transformó bajo la represiva administración francesa, fue empleado de ferrocarril. A los 21 años de edad, recién casado con Le Thi Suong, se mudó de la provincia de Tri a la capital al norte, Hanoi, donde ingresó al Partido Comunista de Indochina. Detenido en dos ocasiones por los franceses, fue encarcelado en condiciones extremadamente duras. La tortura padecida, hecha por razones ideológicas, fortaleció sus convicciones revolucionarias. Fue definitivamente liberado en 1945, cuando Ho Chi Minh declaró la independencia.

Francia no cedió tersamente el control sobre el país. Ho Chi Minh tampoco fue ingenuo como para creer que la simple declaración de independencia bastaría. Temiendo una incursión bélica francesa, nombró ministro de defensa a un cercano a él, el general Vo Nguyen Giap, pasando por encima de Le Duan, que aspiró al puesto, provocándole un eterno resentimiento. Por ello se fue al sur, donde el nuevo gobierno no tenía control: era el punto débil que permitiría el ingreso de militares para tratar de retomar el país.

Le Duan en el sur vio cuán fragmentada estaba la oposición. Había de todo: sectas budistas que auspiciaban grupos paramilitares; mercenarios chinos controlando partes del territorio. A Le Duan lo acompañó un colega, igual que él formado en las terribles prisiones coloniales francesas. Le Duc Tho compartía con Le Duan el credo revolucionario y sus críticas a Hanoi. Cuando el país fue dividido por el famoso Paralelo 17 en 1954, Le Duc Tho regresó al norte. Le Duan se quedó en el sur para ver cómo Ngô Dinh Diem (1901-1963) sometía a la resistencia: con apoyo de la CIA, el 30 de abril de 1955, dio un golpe de estado, evitando la posible reunificación de Vietnam.

Un año antes, entre el 26 de abril y el 20 de julio de 1954, se llevó a cabo la Conferencia de Ginebra que pretendía resolver el diferendo entre Francia y el llamado Viet Minh, o sea, la Liga para la Independencia de Vietnam, fundada en mayo de 1941 y encabezada por Ho Chi Minh, Le Duan, Vo Nguyen Giap y Pham Van Dong

En las fechas de la conferencia, Francia perdió la batalla de Dien Bien Phu. Lo que fortaleció a Ho Chi Minh en su pretensión por una independencia plena. Los acuerdos firmados permitieron la independencia de Camboya y Laos, el retiro paulatino de Francia —que concluiría en 1957—,  y la creación de dos estados, Vietnam del Norte, con capital en Hanoi, presidido por Ho Chi Minh; Vietnam del Sur, con capital en Saigón, presidido por el emperador Bao Dai (1913-1997), al servicio de las autoridades militares japonesas en 1940, que abdicó ante la derrota de Japón en 1945, y reinstalado por los franceses en este tratado, para abdicar cuando perdió el apoyo militar francés. Debido al golpe de estado, Ngô Dinh Diem, primer ministro, presidió Vietnam del Sur entre 1955 y 1963, año en que fue derrocado y asesinado.

El último compromiso de la conferencia era celebrar un referéndum entre el Norte y el Sur, que debería hacerse no más allá de 1958 para confirmar si separarían o se reunificarían definitivamente. Ngô Dinh Diem por supuesto se opuso y canceló las elecciones de 1956 para este efecto, quedándose con el poder absoluto que sólo compartió con su hermano y cuñada.

Screen Shot 2017-05-04 at 10.53.52 AMLe Duan regresó al norte como secretario general del partido. Se confrontó con Ho Chi Minh y Vo Nguyen Giap; consideró, junto con su fiel aliado Le Duc Tho, que la reunificación de Vietnam sólo era posible militarmente. Tras los asesinatos en 1963 de Kennedy y de Ngô Dinh Diem, Le Duan advirtió que había condiciones para una rápida victoria. Su plan, una ofensiva y levantamiento generales, se puso en marcha.

A pesar de la debilidad estratégica y la carencia de efectivos al sur del Paralelo 17, Le Duan organizó la guerra de guerrillas con apoyo de la sociedad civil. Para 1964, Le Duan tenía confianza en la victoria. Aunque no había dejado nada al azar, descuidó el nivel de participación del ejército estadounidense, que desplazó en 1965 tropas para proteger el sur, Saigón. Así que a fines de 1966 y principios de 1967, Le Duan quedó bajo fuego por sus decisiones militares: por la decisiva intervención estadounidense, tanto él como Le Duc Tho fueron criticados. Hanoi estaba en riesgo, en consecuencia, todo el norte.

Justo en 1967, Le Duan decidió conservar a como diera lugar el control del partido. En medio de las ya constantes agresiones militares estadounidenses, Le Duan purgó al Partido. Conservó así el poder militar, el más importante, y estableció las directrices de una guerra que a partir de este año pasó a ser emblemática de las revueltas contra el colonialismo y que, a la larga, demostró que Le Duan tuvo razón en manejar una secrecía absoluta y en utilizar a la inteligencia estadunidense como receptora de sus despistes. Transmitiendo la idea sobre cómo estaba organizada la insurgencia (varios dirigentes, múltiples decisiones para un solo fin, unidad ideológica con la inquebrantable convicción de la eventual victoria), logró la mitad de la victoria. Militarmente era cosa de tiempo. En 1967 puso las bases para un año después minar la confianza estadounidense, que esperaba ganar en breve. Un error craso, como violentamente descubrieron con cada derrota sufrida, y con la constante presencia elusiva de los vietnamitas, organizados de acuerdo con las instrucciones de Le Duan y Le Duc Tho, por supuesto con el aval de Ho Chi Minh.

En enero de 1968, la primera gran victoria fue la llamada “Ofensiva del Tet”, o sea, la “ofensiva del año nuevo vietnamita”: 38 de 52 ciudades de Vietnam del Sur fueron atacadas, sorprendiendo principalmente a los estadounidenses que nunca tuvieron información ni clara ni precisa ni confiable sobre cómo operaba el ejército de Vietnam del Norte. En la lucha encarnizada entre las dos facciones, las fuerzas comandadas por Le Duc Tho triunfaron, tanto militar como propagandísticamente: recuperaron territorios y, a pesar de múltiples bajas, infligieron un serio golpe al ejército del sur, desmoralizando a los asesores estadounidenses. Le Duc Tho demostró que podía organizar varias unidades, perfectamente pertrechadas, para actuar en acciones múltiples. Incluso intentó tomar la embajada estadounidense de Saigón: cualquier lugar estaba a su alcance.

El 16 de marzo de 1968 sucedió la peor matanza de civiles hecha por una unidad militar del Ejército de los EU. Comandada por el inexperto teniente William Laws Calley, esa unidad arrasó My Lai con sevicia, comportándose brutal e inhumanamente con mujeres y niños; asesinaron a 504 personas. Fue la puntilla a la moral de una nación que dudaba estar haciendo lo correcto en un país lejano y desconocido. Propagandísticamente se utilizó para exigir la salida inmediata del ejército estadounidense.

Con la guerra de propaganda ganada desde 1968, gracias a la eficaz guerrilla y a los constantes errores cometidos tanto por el ejército estadounidense como por Vietnam del Sur, la victoria definitiva la obtuvo el comandante Tran Van Trà (1918-1996), triunfador en la ofensiva del Tet y quien encabezó la última batalla para someter Saigón en 1975.   

Le Duan, a la muerte de Ho Chi Minh, asumió el liderazgo del país: logró unificarlo. Respondió asimismo a una agresión sin igual: los Jemeres rojos asesinaron a más de tres mil civiles vietnamitas en la llamada Matanza de Ba Chuc, el 18 de abril de 1978. Los Jemeres eran la guerrilla camboyana que en 1975 fundaron Kampuchea bajo el liderazgo genocida de Pol Pot (1925-1998). En represalia, Le Duan invadió Kampuchea en una guerra sorpresa y eficaz que catorce días más tarde sacó del poder a Pol Pot.  El legado de Le Duan está en que su visión de cómo ganar la guerra de Vietnam nunca estuvo equivocada.

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Detrás del cine

Las películas sobre Vietnam siempre fueron difíciles. John Wayne, en colaboración con Ray Kellogg, dirigió Los boinas verdes (1968), que justificaba el intervencionismo estadounidense. Prácticamente estuvo a favor de la guerra y presentó cómo operaban los servicios de inteligencia. Años después llegaron las películas críticas, empezando por Regreso sin gloria (1978, Hal Ashby), que mostraba cómo era volver de una guerra convertido en minusválido, y la imposibilidad de acoplarse a esa una nueva e indeseada realidad. Por supuesto, el tema fue ampliado en Nacido el 4 de julio (1989, Oliver Stone). Retomando la historia de un veterano auténtico, contaba cómo era la sociedad de su momento antes, durante y después de la guerra, y las peripecias de Ron Kovic (Tom Cruise), que iba a Vietnam y regresaba en silla de ruedas para volverse pacifista.

Otras películas fueron más espectaculares, siendo El francotirador (1978, Michael Cimino) la que daba cuenta de dos etapas, la previa a la guerra en una comunidad rural y cómo regresaban esos soldados a la misma después del horrible periplo en Vietnam. Casi mismo tema abordaba Pelotón (1986, Oliver Stone), que convirtió en obra maestra Francis Ford Coppola en Apocalipsis ahora (1979), fresco impresionante sobre la locura de la guerra, en la que también abundó Stanley Kubrick en su Cara de guerra (1987), mostrando primero la brutalidad de un entrenamiento que se traducía en la brutalidad de una patrulla militar casi sin reglas suelta en Vietnam.

Otras cintas abordaron el tema vietnamita desde una óptica sobre la ética en tiempos donde la verdad y la moral desparecen tras el primer disparo. Fueron notables en ello Pecados de guerra (1989, Brian de Palma), que enjuiciaba a un soldado por faltas cometidas en el campo de batalla parecidas a las de My Lai. Asimismo, destacó la crítica visión de la nulidad de la guerra en La colina de la deshonra (1987, John Irvin), una cinta de bajo presupuesto que narraba con detalle la toma de una colina ni estratégica ni valiosa, pero que ponía en imágenes la famosa “trampa de Tucídides”. Este cronista de las guerras del Peloponeso hizo referencia a cómo una potencia hegemónica, en su tiempo Esparta, enfrenta a una en ascenso, Atenas para este caso, lo que lleva a una guerra que provoca divisiones al interior de sus respectivas sociedades. En el caso Vietnam-Estados Unidos, fue esta última la que acusó una mayor división interna y, a la larga, la que perdió estrepitosamente, como lo demostraron sus propias películas. 

Para manifestar esa abierta división, las películas recurrieron a importantes materiales: las crónicas periodísticas, como Despachos de guerra, de Michael Herr, que influyó en Apocalipsis ahora y Cara de guerra. O las novelas que prácticamente se escribieron con la realidad directa de la guerra, como The short timers, de Gustav Harsford, base de Cara de guerra.

Los corresponsales de guerra tuvieron un papel clave en los films sobre Vietnam gracias a que difundieron la verdad. Uno de los más importantes fue el notable, crítico y con profunda observación de los hechos y el entorno, austriaco-estadounidense Bernard Fall, muerto a los cuarenta años de edad, el 21 de febrero de 1967, cuando pisó una mina mientras acompañaba a los marines en una misión en Vietnam del Sur.

Fall se dedicó tanto al tema vietnamita que escribió seis libros y más de cien artículos publicados en The New York Times Magazine, The Saturday Evening Post y The New Republic. Su libro cumbre fue Street without Joy: Indochina at war, 1946-1954, en el que advertía los peligros que enfrentaría el ejército estadounidense, basándose en lo sucedido en 1954, cuando Francia perdió la batalla decisiva de Dien Bien Phu.

Nacido en Viena en 1926, adolescente luchó al lado de la resistencia francesa contra los nazis. Perdió a su padre a manos de éstos; su madre murió en Auschwitz. Apasionado e incansable, su tema desde joven fue Indochina, cuando visitó el país y descubrió el fino entramado político-social y la explosiva situación que se estaba gestando. Haciendo minuciosos análisis, fue de los primeros en dar la voz de alerta sobre la estrategia y las tácticas que aplicaría el ejército vietnamita. Su imparcialidad le permitió estudiar la contrainsurgencia francesa y el ascenso de Ho Chi Minh. Concluyó que:

“Las tácticas militares y el armamento, son bastante inútiles si se pierde la confianza de la población entre la que se está peleando”

Advirtió, pues, sobre cómo nunca sería bien vista una fuerza invasora por una población que instintivamente desconfiaría de ella. Fall también analizó la guerra de guerrillas, en directo, viendo cómo actuaban en pro de Ho Chi Minh contra el poderoso ejército francés. Dio, pues, en sus libros —hechos con escritura precisa y observaciones que nunca faltaron a la verdad—, la voz de alarma.

Francia aceptó su derrota. EU decidió tomar el relevo para acabar con Ho Chi Minh instaurando un régimen anticomunista en Vietnam del Sur. Fall, al respecto, consideró que la teoría del dominó era válida. Si cayó Francia, lo mismo sucedería a EU. Fall sabía de primera mano que el vietnamita no era una réplica de otros comunismos, sino que tenía su propia ideología y ambición nacionalista, y, lo más importante, Ho Chi Minh era tenaz en sus ideas y acciones. El compromiso era tal por la causa que incluía tanto habilidades estratégicas como fuerte apoyo popular. Los franceses perdieron por falta de éste. Fall lo dijo; escribió que los estadounidenses perderían por igual razón.

Poco antes de morir advirtió que:

“Lo peor en Vietnam está por venir”

Lo confirmó su muerte. Acompañando a un batallón de la Tercera División de Marines encontró la mina que acabó con su vida justo en el camino que inspiró su libro más célebre publicado apenas seis años antes.

La verdad es la primera baja en una guerra. Fall se preocupó porque no lo fuera en Vietnam. Buscó ser objetivo e imparcial (criticó a Francia y  a EU como muchas acciones vietnamitas); nutrió por igual a otros periodistas destacados que siguieron sus pasos, y a la mayoría de cineastas que inspirados en su ejemplo dieron cuenta de esa guerra horrible. Gracias a Fall y otros periodistas comprometidos no hubo “hechos alternativos” ni posverdades ni “noticias falsas”, tan sólo la cruenta realidad de cómo una guerra de tal deterioro convirtió a Vietnam en lo que Fall definió como “un desierto”.

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