Ritos del hombre

Por Rolando Baca

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Para el ser humano, las costumbres devienen en ritos. Ver que la naturaleza opera a través de ciclos (día y noche, las estaciones del año o el nacimiento, desarrollo, reproducción y muerte de los seres vivos), hizo creer a los seres humanos que los actos repetitivos debían tener algún tipo de utilidad, y que si los hombres querían lograr beneficios de la naturaleza misma, habrían de actuar en igual sentido: imitando.

Por lo anterior resultó lógico que, en el pensamiento del hombre primitivo, los ritos se convirtieran en formas de inducir la realización de sucesos o la ocurrencia de situaciones especiales o con utilidad colectiva (por ejemplo, la danza de la lluvia de algunas tribus norteamericanas). Así, mediante el rito, el hombre intenta dominar a la naturaleza, ya sea para garantizar el éxito en la cacería o la salida del sol cada mañana. Por ello, en la base de toda religión están los ritos, y quien los conoce y maneja se convierte en hombre sabio, concepto que frecuentemente equivale o antecede al de sacerdote, persona que no es sino la experta en rituales, que son el conjunto de ritos de una sociedad. De ahí podemos comprender que a los ritos se les considere parte fundamental y condición sine qua non del origen de las religiones.

Pero no todos los ritos son de orden religioso, pues así como los hay sagrados, también los hay profanos, que son los que rigen la vida cotidiana y en cierto modo hasta llegan a facilitarla. Un ritual profano es el de la cortesía, que permite la convivencia entre grupos de gente que, sin ella, tendrían constantes fricciones. Otro ejemplo es el rito de la vestimenta, que si bien tuvo una base instintiva (proteger del frío o cubrir del sol), más tarde adquirió un sentido simbólico (enfatizar jerarquía social). Por su parte, el matrimonio es una combinación de ritos sagrados y profanos, así como también ocurre con los funerarios, que en todas las culturas comprenden los rituales más elaborados.

En sí, el rito es la materialización de los simbolismos, pues para serlo, debe tener un carácter simbólico y muchos lo son de origen imitativo.

Asimismo, hay ritos positivos que consagran objetos o personas (como en el bautismo) y ritos negativos que instauran prohibiciones. En una era altamente tecnificada, los ritos, lejos de desaparecer, se adaptan a las nuevas tecnologías y crean nuevos rituales; por ejemplo, el de las selfies.

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